¿Por qué a los niños les gustan los carritos y a las niñas les gustan las muñecas?

 

Seguro que has notado esa pequeña imagen en la página de los libros de quinto grado que tus hijos traen a casa. Si ya te pareció impactante la historia de David que leíste, prepárate, porque lo que se esconde detrás de esa imagen te hará ver que la situación es aún más grave de lo que imaginas. 

Te invito a seguir leyendo este libro y te darás cuenta de cómo algo preocupante se ha infiltrado en el sistema educativo de México. La situación es seria, y los padres que han rechazado los nuevos libros de texto tienen toda la razón.

Después de observar cómo actúan los gallos, gallinas, ratas y hasta los monos verdes, es innegable que los comportamientos de género están arraigados en la naturaleza de estos animales. Y si pensamos en nosotros, los seres humanos, siendo mucho más complejos, resulta evidente que también estamos influenciados por esta intrigante característica.

La historia de David Reimer, el niño a quien intentaron convertir en niña, es un ejemplo conmovedor de cómo los comportamientos y estereotipos de género están profundamente conectados en nuestra naturaleza. A pesar de recibir una educación que trataba de convencerlo de que era una niña, David nunca aceptó ese rol y se comportó según su biología lo dictaba: como un niño.

Ahora, vamos a explorar algunos comportamientos y estereotipos de género, y cómo estos están de alguna manera conectados con nuestra naturaleza humana. Quiero enfatizar que no estamos ignorando el impacto de la cultura en la formación de estos estereotipos. El género no puede entenderse únicamente desde una perspectiva biológica, excluyendo la influencia cultural, pero tampoco podemos comprenderlo únicamente desde una perspectiva cultural, ignorando la biología. Tanto la cultura como la biología están entrelazadas y ambas juegan un papel en la explicación de lo que entendemos por género.

 

¿La educación de los padres y la cultura condiciona a los niños a jugar con carritos y a las niñas a jugar con muñecas?

Es curioso hablar sobre el gusto de los niños por ciertos juguetes y el de las niñas por otros, ¿verdad? Es una de las cosas que los defensores de la ideología de género quieren eliminar y su objetivo es alentar a los niños a jugar con cualquier juguete que les guste, sin importar si está etiquetado como "de niño" o "de niña". Para simplificar, de ahora en adelante llamaremos a los defensores de esta idea "progresistas", aunque algunos los llaman simplemente "progres".

Claro, hay juguetes que todos los niños pueden disfrutar, como rompecabezas, Monopoly, libros para colorear, trompos o una pelota roja. Nadie discute que estos son juguetes neutrales que cualquier niño puede disfrutar. Sin embargo, también es cierto que algunos juguetes suelen asociarse más con niñas, como las muñecas Barbie, platos, ollas de plástico o las muñecas de trapo. Por otro lado, los juguetes que suelen ser para niños incluyen carritos, figuras de acción y armas de juguete, entre otros.

Es interesante notar que a veces, algunos niños se sienten atraídos por jugar con muñecas, y algunas niñas prefieren jugar con carritos. Esto nos lleva a una pregunta: ¿por qué los niños y niñas eligen principalmente jugar con juguetes que son típicos de su género?

Los progresistas argumentan que esto se debe a la influencia de nuestra sociedad, que desde temprana edad les enseña a los niños a jugar con juguetes "de niños" y a las niñas con juguetes "de niñas". Dicen que este adoctrinamiento condiciona a los niños y niñas a elegir ciertos juguetes, incluso si lo hacen de forma voluntaria. Entonces, la misión de los progresistas es romper con estos estereotipos que surgen del adoctrinamiento y crear una sociedad más “igualitaria”. Al menos, eso es lo que dicen los progresistas en su lucha contra lo que llaman el "patriarcado". Más adelante, explicaremos qué es exactamente este supuesto "patriarcado".

No obstante, en este libro vamos a responder a esa pregunta de una manera diferente. Vamos a explorar si la clasificación de los juguetes según el género se debe únicamente a la cultura y la influencia de los padres, o si también está relacionada con algo más profundo: los propios intereses de los niños y cómo estos se relacionan con su propia naturaleza (o lo que comúnmente llaman “sexo biológico”).[1]

Para demostrar esto, vamos a sumergirnos en una serie de experimentos muy interesantes. En estos experimentos, se les dio a bebés la libertad de elegir con qué juguete querían jugar. Los resultados obtenidos son asombrosos y arrojan una nueva perspectiva sobre la pregunta que nos planteamos.

Vayamos al primer caso: los estudios de Trond Diseth para determinar el sexo de bebés con malformaciones genitales y errores genéticos son realmente curiosos. De hecho, Alicia Rubio nos ofrece una apreciación de este estudio de Trond Diseth.

 “En el mismo sentido se han desarrollado los estudios de Trond Diseth, director del área de Psiquiatría Infantil del Hospital Nacional de Noruega, que ha sistematizado un test para analizar las diferencias de sexo en la elección de juguetes por parte de los bebés. El motivo de estos estudios es la determinación del sexo de los bebés con malformaciones genitales y/o alteraciones genéticas. En el juego-test, consistente en poner al alcance del bebé (de 9 meses en adelante, edad en la que el bebé ya gatea y es autónomo para dirigirse hacia lo que le atrae) cuatro juguetes considerados masculinos, cuatro femeninos y dos neutros, los resultados en bebés normales (sin malformaciones) son abrumadores: la gran mayoría de niñas elige juguetes femeninos y la gran mayoría de varones juguetes masculinos. Esta alta proporción de coincidencias es la causa de que utilice el test en bebés con malformaciones genitales a fin de determinar mejor su sexo.

La respuesta de este profesor a los resultados de sus experimentos es clara y taxativa: afirma que, puesto que a esas edades no ha podido afectarles la educación en roles y estereotipos, hay que aceptar que nacen con una clara predisposición biológica de género y comportamiento asociado al sexo. Añade que si después el entorno, la cultura, los valores y las expectativas atenúan o potencian esa predisposición será otro asunto, aunque no cree posible que la sociedad pueda ser tan decisiva como para modificar esa identidad, que aparece ya inherente, y esa clara predisposición de género.” [2]

Es realmente sorprendente cómo Trond Diseth puede identificar con precisión el sexo de los niños que nacen con errores genéticas que afectan sus genitales. Sin embargo, también es cierto que la forma en que los padres educan a sus hijos tiene un impacto en las preferencias de los niños por ciertos juguetes. Aquí, nuevamente, tanto la crianza de los padres como la biología de los niños desempeñan un papel importante, y no podemos dejar de considerar uno en detrimento del otro. Así que, en última instancia, los estereotipos en los juguetes están vinculados a la naturaleza del niño, y la cultura enriquece esta realidad biológica.

Lisa A. Serbin, Diane Poulin-Dubois, Karen A. Colburne, Maya G. Sen y Julie A. Eichstedt, todos expertos en psicología, llevaron a cabo un experimento que arroja aún más luz sobre la elección de juguetes por parte de los niños. Los resultados de su investigación respaldan lo que hemos estado discutiendo acerca de los estereotipos en los juguetes y cómo están vinculados al sexo de los niños.

"Las preferencias visuales de los bebés por juguetes estereotipados por género y su conocimiento sobre juguetes estereotipados fueron examinados en dos experimentos utilizando una adaptación del paradigma de mirada preferencial. Se evaluó a niñas y niños de 12, 18 y 24 meses de edad en cuanto a su preferencia por fotos de vehículos o muñecas, y si asociaban ("coincidían") estos dos conjuntos estereotipados de juguetes con las caras y voces de niños y niñas. Los resultados del Experimento 1 (N = 77) demostraron preferencias significativas por juguetes estereotipados por género a partir de los 18 meses de edad. En el Experimento 2 (N = 58), las niñas pudieron asociar los juguetes estereotipados por género con las caras de niñas y niños a los 18 meses de edad, pero los niños no pudieron hacerlo. Se discuten las implicaciones para las teorías del desarrollo temprano de género.” [3]

Este último dato sobre cómo a los chicos les gustan los coches y a las chicas las muñecas, y cómo las chicas parecen tener un mejor manejo en esta asociación que los chicos, nos brinda una pequeña pieza más de evidencia sobre las diferencias naturales entre hombres y mujeres.

Un experimento más que respalda la idea de que los niños eligen juguetes de niño y las niñas optan por juguetes de niña desde una edad temprana, incluso antes de que la cultura y la educación puedan influir en ellos, fue llevado a cabo por Brenda K. Todd, John A. Barry y Sara A. O. Thommessen. Participaron bebés de entre 9 y 32 meses de edad de cuatro guarderías diversas en Londres y el Reino Unido, 47 niñas y 54 niños. Todos estos bebés eran capaces de gatear o caminar por sí mismos y podían jugar con los juguetes que preferían. Los resultados de este estudio nuevamente revelan la farsa de la ideología de género y de los libros de la SEP.

Entra las muestras de tablas con los resultados del experimento, se muestra que “los niños jugaron con juguetes de tipo masculino durante más tiempo que con juguetes de tipo femenino y, a la inversa, las niñas jugaron con juguetes de tipo femenino durante más tiempo que con juguetes de tipo masculino.” [4] Aunque no podemos negar que los padres influyen en el desarrollo de sus hijos a medida que crecen, tampoco podemos ignorar que desde temprana edad existe una influencia biológica en la elección de los juguetes que prefieren los bebé Este estudio sigue afirmando que:

 “Nuestros hallazgos sobre las diferencias sexuales en la elección de juguetes en el grupo de edad de 9 a 17 meses añaden cierto peso a la sugerencia de que tales preferencias aparecen antes de una socialización extensa y no dependen del conocimiento de la categoría de género, sino que son reflejos de nuestra herencia biológica (Alexander & Hines, 2002: Hassett et al., 2008). Sin embargo, es probable que un sistema de desarrollo que comprende preferencias de base biológica por características específicas de estímulos e influencias sociales se reorganice con la adquisición de una autoetiquetación de género (Hines, 2010; Zosuls et al., 2009) y a medida que se conozcan las se demuestra la existencia de dos categorías de género, masculina y femenina (Zosuls et al., 2014). [5]

Y también:

 “Seis niños y ocho niñas del grupo de edad más joven tenían entre nueve y 12 meses. Todos estos niños jugaron con la pelota, y jugar con la pelota representó el 53,2% de su tiempo jugando con los juguetes. En general, las niñas de 12 meses o menos eligieron la olla con mayor frecuencia: siete de estas ocho niñas jugaron con la olla y su juego con este juguete representó el 49,8% del tiempo que jugaban con el juguete.” [6]


Por lo tanto, la conclusión más obvia es que
“Las tendencias sugieren que a medida que los niños crecen, prefieren cada vez más los juguetes de tipo masculino, y aunque las niñas inicialmente prefieren los juguetes de tipo femenino, esta preferencia se convierte en una preferencia meramente fuerte. Por lo tanto, es interesante que no sólo existen diferencias de sexo en la preferencia, sino también diferencias de sexo en el desarrollo de la preferencia a lo largo del tiempo.” [7]

Gerianne Alexander, Teresa Wilcox y Rebecca Woods llevaron a cabo un experimento similar, pero esta vez con 30 bebés que tenían entre 3 y 8 meses de edad. Utilizaron una tecnología especial de seguimiento ocular que nos brinda información precisa sobre en qué se fijan los bebés con sus ojos. Lo fascinante de este enfoque es que, además de las observaciones de expertos, se incorpora tecnología avanzada para obtener datos más precisos. Nuevamente, los resultados del experimento confirmaron las mismas conclusiones:

“(…) se encontraron diferencias de sexo en el interés visual por los juguetes ligados al sexo, de modo que las niñas mostraron una preferencia visual (d > 1,0) por la muñeca sobre el camión de juguete y los niños, en comparación con las niñas, mostraron un mayor número de fijaciones visuales en el camión (d = 0,78). Nuestros hallazgos sugieren que las categorías conceptuales de juguetes "masculinos" y "femeninos" están precedidas por diferencias de sexo en las preferencias por las características perceptivas asociadas con dichos objetos. La existencia de estas preferencias innatas por las características de los objetos, junto con influencias sociales bien documentadas, puede explicar por qué las preferencias por los juguetes son una de las primeras manifestaciones conocidas del comportamiento social vinculado al sexo.” [8]

Existen numerosos experimentos que nos muestran que, desde una edad temprana, los niños tienen la capacidad de elegir juguetes que se alinean con su género. Es difícil argumentar que estos niños están fuertemente influenciados por la educación de sus padres al hacer esta elección. Esto nos lleva a considerar la biología y la naturaleza de los niños como factores determinantes en este interesante fenómeno. Uno de los experimentos más notables y perspicaces en este contexto fue realizado por un equipo de investigadores liderado por Vickie L. Pasterski, Mitchell E. Geffner, Caroline Brain, Peter Hindmarsh, Charles Brook y Melissa Hines.[9]

En este estudio participaron 117 niños, con edades comprendidas entre 3 y 10 años. De estos niños, 65 (34 niñas y 31 niños) sufrían de una enfermedad llamada hiperplasia suprarrenal congénita (CAH), que requiere tratamientos, incluyendo la inyección de testosterona de forma artificial. Los otros 52 niños (27 niñas y 25 niños) eran saludables. De las niñas con CAH, 13 tenían una hermana no afectada y 10 tenían un hermano no afectado. En el caso de los niños con CAH, 14 tenían una hermana no afectada y 15 tenían un hermano no afectado. De los 117 niños, 57 participaron solo con sus madres, 60 lo hicieron con ambos padres y 1 solo participó con su padre. En la mayoría de los casos en que solo participó la madre, el padre vivía con la familia, pero no pudo unirse al estudio. Esto es importante porque refleja la diversidad de condiciones en las que se llevó a cabo el experimento, lo que hace que los resultados sean aún más convincentes al respaldar la influencia de los factores biológicos en las elecciones de juguetes de los niños.

Ahora se observaron a los niños participando en sesiones de juego filmadas. La diversión comenzaba cuando cada niño tenía 8 minutos para jugar solo con los juguetes. Luego, tenían 8 minutos para jugar con mamá o papá, y después con el otro padre, si estaba disponible, durante otros 8 minutos. Todos tenían acceso a juguetes tanto para niños como para niñas, y también a juguetes neutrales.

Se colocó una selección de juguetes femeninos que incluye platos para jugar, una muñeca Barbie con ropa y accesorios, una muñeca pequeña con atuendos adorables, una muñeca de trapo con accesorios para peinar y un kit de maquillaje. Los juguetes para niños incluyen un coche, un camión de bomberos, un avión de Lego, un juego de herramientas, un helicóptero y una pistola. También hay juguetes neutrales como un rompecabezas, un juego de mesa, libros y crayones, y un bloc de dibujo. Además, los juguetes se distribuyeron en círculos para asegurarse de que no hubiera dos juguetes similares uno al lado del otro.

La primera vez, en la sesión de juego libre, los niños eligieron lo que más les llamaba la atención. Luego, en la segunda sesión, los padres intentaron influenciar su elección de juguetes, ya sea sugiriendo, ofreciendo incentivos o tratando de unirse a su juego con otros juguetes.

¿Y qué ocurrió en este experimento? Los resultados fueron bastante evidentes. Las niñas tendían a elegir juguetes de niñas, mientras que los niños preferían los juguetes que generalmente se asocian con los niños. Pero aquí hay un detalle interesante: incluso cuando los padres intentaron influir en la elección de los juguetes, las niñas afectadas por la enfermedad mostraron más interés en los juguetes que se consideran masculinos que las niñas sanas. Este hallazgo refuerza la idea de que la naturaleza del niño desempeña un papel importante en la elección de juguetes, y esto va más allá de cualquier influencia cultural.

Con este experimento, queda claro que los nuevos libros de texto de la SEP están promoviendo una perspectiva que va en contra de la evidencia científica. Aunque se disfracen con discursos de "diversidad e inclusión," en realidad están difundiendo ideologías que no se sustentan en la ciencia.

Hemos hablado sobre la importancia de la biología en la elección de juguetes por parte de los niños, lo que da lugar a los estereotipos de género en estos objetos. Es cierto que, en el pasado, los juguetes eran más neutrales y que fue en el siglo XX cuando comenzaron a comercializarse juguetes específicos para cada género. Sin embargo, debemos entender que esto ocurrió en respuesta a las demandas de los padres, que buscaban adecuar los juguetes a los intereses y el desarrollo de sus hijos, en lugar de ser una imposición.

Por tanto, los estereotipos de género en los juguetes vinieron para quedarse y resulta difícil intentar eliminarlos. De hecho, intentar suprimirlos podría ser más perjudicial que beneficioso, ya que estos estereotipos a menudo reflejan los intereses de los niños en consonancia con su biología. Así que, en lugar de eliminarlos, puede ser más saludable permitir que los niños interactúen con juguetes que les resulten naturalmente atractivos.

Cuadro de texto: Jay Deitcher y su hijo AvishaiUn claro ejemplo de esto es el caso de Jay Deitcher y su hijo Avishai. Jay era un padre que creía firmemente que podía eliminar los estereotipos de género en los juguetes de su hijo. Él solía decir: "Toda mi vida me he enorgullecido de desdibujar las líneas de género". [10] En una ocasión, “Cuando mi suegra le compró a Avishai un mono con balones de fútbol, ​​lo metí en lo más profundo de su armario y nunca lo encontré.” [11]

Jay Deitcher alentaba a su hijo a jugar con juguetes que generalmente se asocian con niñas. Él recuerda: "Cuando mi hijo ya podía andar, lo paseaba por el parque mientras él hacía rodar su muñeco por la acera en su cochecito. Me sentía realizada porque él reflejaba mi papel de cuidadora." [12] Pero, en realidad, ¿estaba permitiendo que su hijo jugara con cualquier tipo de juguete sin preocuparse si era para niños o niñas? La simple acción de esconder el mono con balones de futbol plantea muchas preguntas al respecto.

Sin embargo, todo cambió cuando el pequeño Avishai comenzó a interesarse por los videos de tractores. Jay Deitcher solía sentarse con Avishai frente al televisor y reproducían "Little Baby Bum". El niño se enamoró de las canciones sobre tractores, pero Jay Deitcher estaba agotado y simplemente presionó "play" sin pensar mucho en ello. Sin embargo, lo que intentaba evitar sucedió: "cuando me pidió las camisetas sentí que le había fallado. Me enorgullezco de difuminar las líneas de género. Yo también quería que él lo hiciera." Jay Deitcher admite con sinceridad "mi mente se sumió en la oscuridad. Catastroficé los peores escenarios, imaginando un mundo en el que él se enamoraba de todo lo estereotipadamente varonil. Lo imaginé en un campo de fútbol, ​​atravesando oponentes megamusculosos. Lo imaginé encerando un auto deportivo en un cálido día de verano." [13]

Fue en ese momento que Jay Deitcher tuvo que enfrentar la realidad de que, a pesar de sus esfuerzos, a su hijo le gustaban los juguetes que generalmente se consideran de niños. Él dice: "Tuve que tomar una decisión: comprarle ropa con dibujos de maquinaria pesada y hacer feliz al niño, u obligarlo a usar camisas adornadas con animales peludos para apaciguarme." [14] Finalmente, dejó a un lado sus propias creencias y priorizó la felicidad de su hijo. Él cuenta que "Me costó entender el interés de mi hijo por los tractores y, al principio, traté de empujar a Avishai hacia diferentes videos y ropa. Pero luego recordé lo difícil que fue para mi padre confiar en mí para seguir mis pasiones y la forma en que nos conectamos después de que él finalmente lo hizo. Acepté ser un padre en casa porque quería vincularme con mi hijo y me di cuenta de que eso significaba que debía dejarle descubrir sus propios intereses. Él tenía que definir su propia identidad, sin estar influenciado por mi propio prejuicio de lo que consideraba demasiado masculino." [15]

Finalmente, Jay Deitcher aceptó la realidad de su hijo y le permitió usar camisetas con dibujos de tractores y jugar con carritos y maquinaria pesada. Esta historia tiene un final feliz, y Jay lo resume así: "Mi hijo sonríe. Mi papá sonríe. Y yo también sonrío". [16]

La historia de Jay Deitcher nos muestra que, sin importar cuánto se esfuercen los padres, la biología del niño influye en sus preferencias y elecciones de juguetes. Es otro ejemplo de un niño que creció en un entorno donde se alentaba a jugar con juguetes considerados para niñas, con la intención de romper los estereotipos de género. Sin embargo, este niño encontró su pasión en la maquinaria pesada de juguete, un tipo de juguete típicamente asociado con niños. Afortunadamente, esta historia tiene un final feliz, pero nos deja una valiosa lección.

Un caso parecido es el de Bárbara, una madre feminista con dos hijas, Zoe y Estefani. Estefani era toda una aventurera, le encantaba trepar árboles, revolcarse en el barro y jugar fútbol. Podríamos decir que era la versión de Bellota de Las Chicas Superpoderosas, ¡una chica muy ruda! Por otro lado, su hermana Zoe, de 7 años, era completamente diferente. Zoe adoraba jugar con sus Barbies y quería unirse al equipo de porristas llamado "Junior Poms". ¡Incluso empezó a pedir lápiz labial a los cinco años! [17]

¿Puedes creerlo? Estamos hablando de la hija de una mamá feminista que intentaba criarla sin estereotipos de género. La madre de Zoe se quedó perpleja y se acercó al psicólogo Leonard Sax, a quien citamos anteriormente, y le dijo: "¿De dónde viene esto? Solo tengo un lápiz labial y no lo he usado en seis meses. Y detesto y desprecio a las Barbies. Ni siquiera le compré uno a Zoe. Ella recibe toda esa basura como regalo de sus tíos y tías” [18]

A pesar de ser una madre feminista que evitaba el lápiz labial y las muñecas Barbie, no pudo evitar que su hija Zoe se inclinara hacia comportamientos y juguetes estereotípicamente asociados con las niñas. Una vez más, es un caso que demuestra que la biología de los niños puede prevalecer sobre las creencias e ideologías de los padres.

Permíteme presentarte un tercer ejemplo que arroja luz sobre la relación entre los niños y los juguetes. Conozcamos a Amy Klein, una madre feminista que, durante su infancia, mostraba preferencias más masculinas. En sus propias palabras, nos cuenta: "Yo era un marimacho (...) Una de mis amigas tenía una Barbie Dreamhouse, pero a mí me interesaba más la polvorienta máquina de pinball escondida en un rincón de su habitación." [19]

Sin embargo, vale la pena destacar que Amy no recibía la atención maternal que observaba en el hogar de su amiga. Su madre no parecía prestarle la debida atención, Cuando fue a pasar la noche en casa de su amiga, Amy nos cuenta, "al despertarme encontré a su madre acariciándole la mejilla y diciendo en voz baja y tranquila: "Hola cariño, es hora de levantarse".  ¿Los padres hacen eso?  Cuanto más me alejaba de mi casa, más veía lo que me faltaba." [20]

Cuando Amy cumplió 30 años, se planteó la pregunta de si debía convertirse en madre, y finalmente decidió hacerlo. Pero aquí viene lo interesante: a pesar de sus convicciones feministas y su deseo de criar a su hija sin estereotipos de género, nunca le compró una muñeca a su pequeña. En su lugar, llenó su cuarto de osos de peluche, rompecabezas y pelotas. Quería que su hija creciera fuerte y segura, sin obsesionarse con las princesas y los estereotipos femeninos.

Amy explica su elección: "no era más que otra madre de ciudad, mayor y de clase media, que intentaba por todos los medios que su hija se convirtiera en una niña fuerte, no obsesionada con las princesas, la purpurina y los bebés, capaz de elegir quién quería ser. Y regalarle muñecas -especialmente esas Barbies rubias, pechugonas, de largas extremidades y cintura minúscula- no me parecía algo feminista ni positivo para el cuerpo.” [21]

En una visita de una madre amiga, sus hijas comenzaron a jugar con los juguetes. La madre amiga, con curiosidad, le preguntó a Amy por qué su hija no tenía muñecas, lo que dio lugar a una conversación significativa. Mientras hablaban, la hija de Amy agarró un peluche rojo, lo acurrucó, lo abrazó y lo trató como si fuera su bebé, colocándolo en un cochecito y arropándolo con una manta. ¡La niña estaba jugando a ser mamá con un peluche, tratándolo como si fuera un bebé de verdad!

La reacción de la madre amiga lo dice todo: "Mi novia me miró como diciendo: "¿A quién engañas?". Obviamente, lo que acabábamos de presenciar era una interacción parecida a la de un muñeco, aunque con un juguete de peluche. Mi hija estaba jugando con muñecas." [22]

Amy Klein se encontró en una encrucijada, pues a pesar de sus esfuerzos por evitar que su hija jugara con muñecas, la niña había encontrado su propia manera de expresar instintos maternales y jugar como si tuviera una muñeca, utilizando un peluche como sustituto.

Lauren Apfel también tiene una historia que compartir que involucra a sus gemelos, dos adorables mellizos. Ella nos cuenta "fueron tratados prácticamente igual durante el primer año de sus vidas." [23] Los bebés tenían mantas azules y rosas, mamelucos con flores y mamelucos con dibujos de camiones de bomberos. En resumen, usaban lo que tenían a su disposición, sin importar si era considerado para niños o niñas.

Lauren cuenta que “Comían y bebían en una vajilla compartida, cuyos diseños eran a la vez tradicionalmente femeninos y tradicionalmente masculinos. Les leyeron los mismos libros; se les habló y elogió de maneras comparables.” [24] Y de repente ocurrió lo inevitable, Lauren cuenta:

“Y entonces, zas, en algún momento alrededor de su primer cumpleaños, fue como si el hada del género entrara en nuestra casa y agitara su varita mágica, espolvoreando a ambos con estereotipos. De repente, mi gemela empezó a transportar al único muñeco que había en el baúl de los juguetes, atendiendo a sus múltiples necesidades tanto como se lo permitía su rudimentaria coordinación. Al mismo tiempo, mi gemelo se obsesionó con los smartphones. Tecleaba números y pulsaba botones con gusto. Sentía una extraña reverencia por los cables y el acto de cargarlos.

A la edad de un año, eran el ejemplo perfecto del poder de la naturaleza sobre la educación en lo que respecta a los juegos típicos de género. Parecía que lo escrito estaba escrito.” [25]

Lauren reconoce las preferencias de sus hijos, pero al mismo tiempo se esfuerza por criarlos en un ambiente igualitario. Ella nos cuenta que su hijo se siente cómodo usando esmalte de uñas, vestidos y zapatos brillantes, mientras que su hija muestra interés por ver excavadoras en acción. Sin embargo, lo que Lauren podría no saber es que incluso estas preferencias tienen raíces biológicas, lo que significa que no todo se debe a influencias culturales. Tal vez esté sin querer influyendo en las elecciones de sus hijos mediante el adoctrinamiento.

En cualquier caso, la anécdota sobre los juguetes de sus hijos cuando tenían un año respalda más la idea de que los niños y niñas son influenciados por su naturaleza para tener preferencias y gustos típicamente masculinos y femeninos, en lugar de respaldar la tesis que ella está tratando de defender.

Lauren admite que “ambos continúan exhibiendo rasgos típicos de género. Lo cual está bien. El objetivo no es hacer de la infancia un asunto totalmente unisex: siempre contará si un bebé nace niño o niña.” [26]

Louann Brizendine es una médica, neuropsiquiatra, neurobióloga y unas de las principales autoridades sobre el estudio del cerebro, ella nos cuenta un interesante caso al respecto.

“Una de mis pacientes regaló a su hija de tres años y medio muchos juguetes unisex [27], incluido un camión de bomberos rojo brillante en lugar de una muñeca. Una tarde entró en la habitación de su hija y la encontró abrazada al camión con una manta de bebé, meciéndolo de un lado a otro y diciéndole: "No te preocupes, camioncito, todo irá bien". 

Esto no es socialización. Esta niña no abrazó a su "camioncito" porque su entorno moldeó su cerebro unisex. No existe un cerebro unisex. Nació con un cerebro femenino, que venía completo con sus propios impulsos. Las niñas nacen siendo niñas y los niños nacen siendo niños. Sus cerebros son diferentes cuando nacen, y sus cerebros son los que dirigen sus impulsos, sus valores y su propia realidad.” [28]

Louann Brizendine nos cuenta una graciosa, pero interesante anécdota personal, ella dice:

“Cuando mi hijo tenía 4 años le regalé una muñeca por Navidad. La desenvolvió y se puso a jugar con ella como si fuera una espada. A los niños les gusta ser los héroes y luchar, y las niñas tienen otras fantasías: les gusta jugar a los médicos, a los niños, realizar role-play, y participar en juegos colaborativos. Esto ocurre en todas las culturas y nadie les enseña a hacerlo, sino que lo eligen porque les gusta.” [29]

Sobre la misma anécdota de su hijo usando una muñeca Barbie como espada, en otra parte comenta que:

Mi hijo no convirtió la Barbie en una espada porque su entorno promoviese el uso de las armas. Estaba practicando los instintos de su cerebro masculino para defender y proteger agresivamente. Los juguetes estereotípicamente femeninos que le di en sus primeros años de vida no feminizaron su cerebro, como tampoco masculinizarían a una chica los juguetes masculinos.” [30]

Todos estos ejemplos que hemos explorado son testimonios de niños que crecen en hogares donde se fomenta la no estereotipación de los juguetes. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de los padres, la naturaleza biológica de los niños prevalece y los lleva a actuar de acuerdo a sus propias preferencias, demostrando que la relación entre los niños y los juguetes no se explica únicamente por la educación recibida en casa.

El Dr. Daniel López Rosetti es especialista en Clínica Médica y cardiólogo universitario. Él nos explica sobre las diferentes preferencias de género en los juegos de los niños:

“Ya desde el comienzo, es la norma que los chicos jueguen con los chicos y las chicas con las chicas. El juego de ambos es diferente. Los varones juegan con coches, camiones, aviones, soldados, armas, combates, explosiones, entre muchos otros por el estilo.  En general, son juegos competitivos, donde lo que importa es ganar y la agresión es más evidente.  Incluyen el desarrollo de la autoestima a través de la defensa individual del territorio, la lucha, el poder y la fuerza física. Los chicos compiten. Las chicas, en cambio, son diferentes. Ellas ya desde la primera infancia revelan sus capacidades para la comunicación, la comprensión y la formación de redes sociales cooperativas. Las chicas prefieren juegos de roles, de cuidado del otro, incluyendo conductas de cuidado maternal con muñecas y juegos de interacción social donde predominan la cooperación no jerárquica, la negociación y el acuerdo por sobre la imposición. Ellas juegan a las muñecas, a cocinar, a servir el té, a cambiarse de ropa con amigas, a conversar, a la casita de muñecas, entre otros juegos de rol.” [31]


Sin embargo, es importante preguntarnos: ¿qué factor biológico influye en los niños a la hora de elegir juguetes que se alineen con su género? Debra Soh es doctora y licenciada en psicología por la Universidad de York en Toronto, ella responderá nuestra pregunta.

El género viene dictado por la exposición prenatal a las hormonas, a diferencia de las normas de género coercitivas que se imponen a los bebés en cuanto salen del útero.  Los marcadores sociales de género pueden cambiar con el paso de las décadas, pero esto no significa que los niños estén socializados para tener un género (…) Un niño típico está expuesto a altos niveles de testosterona y, cuando nace, se inclinará hacia actividades mecánicamente interesantes, como jugar con juguetes con ruedas y ocupaciones relacionadas en la edad adulta. (…) Esto se debe a que una mayor exposición a la testosterona en el útero se asocia con intereses típicamente masculinos y, como vimos en el capítulo 2, algo llamado el "cerebro masculino extremo". El cerebro masculino extremo tiende a correlacionarse con una mayor eficiencia a la hora de sistematizar y, en algunos casos, un diagnóstico en el espectro del autismo. Los cerebros que están expuestos a niveles más bajos de testosterona, por el contrario, son más eficientes a la hora de sentir empatía.” [32]

En otras palabras, ¿por qué los niños tienden a interesarse en juguetes como carritos, mientras que las niñas se inclinan hacia muñecas? La respuesta en las hormonas prenatales, sobre todo en los niveles de testosterona al que fue expuesto el niño en gestación. Los expertos como G.J. De Vries, J.P.C. De Bruin y H.B.M. Uylings dicen que “la testosterona facilita el comportamiento sexual masculino” [33] Cuando los niños se exponen a niveles más altos de testosterona, tienden a ser más enérgicos y buscan actividades que implican fuerza y riesgo, como jugar con carritos. Por otro lado, las niñas con exposición a niveles más bajos de testosterona suelen ser más empáticas y se sienten atraídas por juguetes que fomentan la empatía, como las muñecas. Annie Holmquist, una investigadora especializada en la estructura educativa de Estados Unidos, también ofrece una perspectiva valiosa sobre este tema.

“El género viene dictado por la exposición prenatal a las hormonas, a diferencia de las normas de género coercitivas que se imponen a los bebés en cuanto salen del útero", escribe Soh. Los niños tienden a elegir "actividades mecánicamente interesantes, como jugar con juguetes con ruedas" porque tienen niveles más altos de testosterona, recibida mientras se forman en el útero. Las niñas, en cambio, al tener mucha menos testosterona, son mucho más empáticas y gravitan hacia "actividades y ocupaciones socialmente atractivas", como jugar a las muñecas o a las casitas. Soh señala que estas diferencias biológicas también están presentes en los animales: "A pesar de carecer de socialización por parte de sus cuidadores o de otros monos, las hembras jóvenes elegirán muñecas, y los machos, juguetes con ruedas". [34]

Las psicólogas Carol Nagy Jacklin y Eleanor E. Maccoby también nos comentan la importancia de la testosterona en el vientre materno y como esta influye en los comportamientos de género:

“Estos estudios y muchos otros con animales indican que las hormonas sexuales presentes antes del nacimiento o justo en el momento del nacimiento sensibilizan o "programan" al individuo para afectar el comportamiento en la niñez y la edad adulta. Esto es cierto a pesar de que los sexos no son muy diferentes en sus niveles de hormonas sexuales desde el nacimiento hasta la pubertad. El efecto principal de los andrógenos prenatales se denomina con frecuencia la producción de un "cerebro masculino (...) En cualquier caso, ahora parece estar demostrado que las cantidades de hormonas sexuales presentes prenatalmente y perinatalmente afectan dos cosas: la cantidad de ciertos comportamientos (incluidas las peleas, los juegos bruscos y las conductas amenazantes) durante la niñez, y la forma en que las hormonas sexuales producido en la adolescencia y la edad adulta afectará al individuo. Por tanto, la administración de andrógenos en la edad adulta a un feto femenino no tratado no masculinizará completamente su conducta sexual; pero lo hará si también estuvo sujeta a la influencia de niveles inusualmente altos (para una mujer) de hormona masculina prenatalmente.” (Levine 1966R)” [35]

Debra Soh también hace mención del caso de David Reimer, el niño al que intentaron convertir en una niña junto con otras 8 víctimas que tuvieron el mismo trágico destino:

El caso de Reimer demostró que el género es innato; no se aprende a sentirse mujer o varón. Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine realizó un seguimiento de dieciséis niños que fueron reasignados como niñas debido a una afección denominada extrofia cloacal, que provocó que algunos de sus órganos abdominales inferiores quedaran al descubierto al nacer, así como malformaciones en el pene. Al crecer, ocho de los niños volvieron a identificarse como varones y sólo cinco continuaron identificándose como niñas. (En cuanto a los niños restantes, dos no tenían claro el sexo con el que se identificaban y uno prefirió no revelar esta información).” [36]

En resumen, el caso de David Reimer es ampliamente conocido, pero desafortunadamente, no fue el único niño que enfrentó esta triste experiencia. Otros ocho niños también pasaron por situaciones similares. Lo alarmante es que incluso en la actualidad, en Estados Unidos, Canada y muchos países de Europa, estas prácticas continúan, en línea con las creencias confusas de la ideología de género. Esta misma ideología ha invadido los nuevos libros “gratuitos” de texto, y en mi libro “Soy niño porque tengo pene. Soy niña porque tengo vulva”, abordaremos el tema de la transexualidad en niños.

El Dr. Gad Saad, quien es profesor de Marketing y ocupa la Cátedra de Investigación en la Universidad Concordia, especializado en Ciencias Evolutivas del Comportamiento y Consumo Darwiniano, nos ofrece unos interesantes comentarios sobre este asunto:

“Los niños que se encuentran en la etapa de pre-socialización de su desarrollo cognitivo muestran preferencias específicas por sexo (Jadva, Hines, & Golombok, 2010; Alexander, Wilcox, & Woods, 2009). Por lo tanto, por definición, estas preferencias por los juguetes se manifiestan antes de que el bebé sea capaz de socializarse a través del aprendizaje. También debo mencionar que estas preferencias específicas por sexo se producen exactamente de la misma manera en todos los periodos temporales y entornos culturales. Sería una extraordinaria coincidencia que los padres de todas las culturas conocidas "socializaran" a sus hijos con los mismos juguetes específicos para cada sexo.” [37]

Las hormonas prenatales y sobre todo los niveles de testosterona son como el motor que impulsa las diferencias en el comportamiento y las preferencias entre niños y niñas. Cuando el niño se expone a niveles más altos de testosterona en el vientre materno, tiende a ser más activo, aventurero y dispuesto a usar su fuerza física. Por otro lado, las niñas, cuando se expone a niveles más bajos de testosterona, tienden a ser más empáticas, calmadas y cuidadosas. Alicia Rubio pudo presenciar estos contrastes en dos mellizos, y compartió sus observaciones de la siguiente manera:

Recuerdo el caso de una amiga con dos mellizos de 14 meses, niño y niña, que al hilo de la falsedad de la ideología de género contaba un juego que hacían sus hijos y que nadie les había enseñado: cuando estaban de pie se dejaban caer al suelo sobre el pañal que les amortiguaba la caída. La niña caía con cuidado y el niño de forma mucho más brusca, lo que le llenaba de hematomas. Ambos lo hacían con grandes risas y jolgorio. La madre argumentaba que nadie, ni su padre ni ella les habían enseñado el juego, ni la forma de caer según el sexo, simplemente la chica lo hacía suavemente y el chico no. La niña caía con cuidado, con prudencia, con dulzura, con elegancia y el chico caía con brusquedad, con agresividad, con audacia… cada uno con esos odiosos epítetos que la sociedad sexista concibe como propios de cada sexo, sin saber de qué sexo eran y sin que nadie les hubiera inculcado esos valores. Sin explicación educativa ninguna, a una edad en la que no asumen y comprenden que son diferentes y, por ello, no pueden interiorizar roles, actuaban de forma diferente, como inspirados, movidos, por “otra cosa”.[38]


Es importante tener en cuenta el internet está invadido de medios de desinformación y artículos que a menudo se pasa por alto o apenas se menciona el factor biológico que influye en las preferencias de los niños. Estos artículos a veces intentan convencernos de eliminar los estereotipos en los juguetes, sin considerar que son los propios intereses de los niños los que influyen en la existencia de estos estereotipos, no solo porque los padres los imponen.

Por ejemplo, la página "compartir en familia" sostiene que "como padres y madres, tenemos la obligación de que nuestros hijos e hijas se sientan libres de jugar cómo y con el objeto que prefieran." [39] pero unos párrafos después se contradicen alegando que "Si el juguete en cuestión arrastra estereotipos tradicionales es mejor que lo descartemos.". [40] ¿Por qué no permitir que los niños elijan libremente entre una variedad de juguetes estereotipados? La razón es simple: saben que los niños generalmente eligen juguetes considerados "para niños" y las niñas eligen juguetes considerados "para niñas". Entonces, se ven obligados a contradecirse al aconsejar a los padres que descarten estos juguetes mientras alardean de la libertad de elección.

Estos “intelectuales” piensan que la sociedad o la cultura fuerzan a los niños a jugar con ciertos juguetes según su género sin que la naturaleza del niño tenga algo que ver. Sin embargo, la realidad demuestra que los niños y niñas suelen elegir juguetes de acuerdo con sus intereses y su biología. Enseñarles a los niños a jugar con juguetes considerados "para niñas" y a las niñas a jugar con juguetes considerados "para niños", o incluso privarles de los juguetes típicos de su género, es imponer una cultura que va en contra de su propia naturaleza y preferencias. En otras palabras, están practicando lo que critican: imponer una cultura por la fuerza.

Están luchando contra lo que consideran una "cultura sexista" imponiendo su propia cultura, pero es irónico que esta "cultura sexista" tenga una base biológica que explica por qué los niños tienden a preferir ciertos juguetes y las niñas otros. La supuesta "ruptura de estereotipos" parece ser más una ideología que intenta forzar a los niños a perder interés en los juguetes relacionados con el género, a pesar de que, en la sociedad actual, los niños generalmente eligen jugar con juguetes según sus propias preferencias en lugar de ser influenciados únicamente por la cultura.

Es fundamental comprender que la distinción entre juguetes para niños y juguetes para niñas no surgió de la imposición de la sociedad o de los padres. En realidad, se originó a partir de las preferencias innatas de los propios niños y niñas, en sintonía con su naturaleza y biología. En pocas palabras, el mercado simplemente ofreció a los niños lo que ellos mismos deseaban: juguetes que se alinearan con sus intereses individuales.

Uno de los estudios más profundos e impactantes que debemos mencionar es una gigantesca obra escrita por varios científicos, entre ellos Lee Ellis, Scott Hershberger, Evelyn Field y otros, llamada "Diferencias de género: Resumiendo Más de un Siglo de Investigación Científica". Este monumental trabajo, con casi mil páginas, recopila y analiza cerca de veinte mil estudios científicos. Es una fuente abrumadora de evidencia empírica que desacredita por completo las ideas erróneas presentes en los nuevos libros gratuitos de la SEP.

Respecto a la preferencia de los niños por los juguetes, este estudio proporciona información clave.

 “Es difícil sorprenderse al saber que, excepto en un par de estudios en los que no se encontraron diferencias significativas, los hombres son más propensos que las mujeres a preferir juguetes y formas de juego masculinos. En este sentido, lo masculino suele definirse en términos de que el juego es más violento y está orientado a la competencia y los juguetes son más resistentes y están orientados hacia el movimiento y la acción. Los juguetes femeninos tienden a ser relativamente blandos y suelen parecerse a bebés o animales (por ejemplo, muñecas y ositos de peluche). El juego femenino tiene menos elementos competitivos y tiende a ser más tranquilo y de naturaleza más social y doméstica (Blakemore & Centers 2005:631). No sorprende que los estudios hayan demostrado de manera bastante consistente que las niñas prefieren los juegos y los juguetes femeninos en mayor medida que los niños.” [41]


Es importante desmentir afirmaciones erróneas, como la que se encuentra en un artículo del Heraldo que culpa a los padres por los estereotipos en los juguetes.
[42] Querido padre de familia, no caiga en ese engaño. No tiene la culpa. Su papel como buen padre es permitir que sus hijos jueguen con los juguetes que realmente les interesen. Esto les ayudará a desarrollarse y a tener una visión más clara de sus metas futuras. Privar a los niños de lo que les gusta no es saludable ni beneficioso para su crecimiento. Usted sabe mejor que nadie qué es lo mejor para su hijo.

No permita que personas que promueven una nefasta ideología, como la que afectó a David Reimer y otros ocho niños, le digan cómo criar a sus hijos.

Si su hijo disfruta jugando con carritos, armas de juguete u otros juguetes considerados típicamente masculinos, llena su cuarto de estos juguetes y hazlo feliz. Si su hija prefiere muñecas, juegos de té, mariposas u otros juguetes típicamente femeninos, cómprale los juguetes que le gusten y asegúrate de que sea feliz. Como padre, tu prioridad es la felicidad de tus hijos, no satisfacer a los progresistas.

Un estudio científico impactante que pone en tela de juicio la ideología de género y que a menudo es pasado por alto, incluso por padres que apoyan los nuevos libros de texto en México, es la investigación llevada a cabo por los expertos M.D. Wheelock, J.L. Hecta, E. Hernández-Andrade, S.S. Hassan, R. Romero, A.T. Eggebrecht y M.E. Thomason. Este estudio revela que existen diferencias en los cerebros masculinos y femeninos incluso antes de que los niños nazcan o sean influenciados por la sociedad y sus normas de género.

Los investigadores realizaron resonancias magnéticas en 118 fetos dentro del útero, estudiando cómo las diferentes áreas del cerebro se conectan y funcionan en hombres y mujeres. Lo sorprendente es que encontraron conexiones entre partes del cerebro los fetos femeninos que eran casi inexistentes en los cerebros masculinos.

Los expertos concluyeron:

“El estudio del desarrollo cerebral en el útero es fundamental para comprender las trayectorias de desarrollo cerebral típicas y atípicas, así como para lograr resultados neuroconductuales a largo plazo óptimos. El presente estudio demuestra por primera vez que el desarrollo de la conectividad funcional del cerebro fetal (FC) varía según el sexo. El desarrollo diferencial de la FC a lo largo de la gestación en los fetos masculinos y femeninos probablemente actúa como precursor de las diferencias de conectividad cerebral relacionadas con el sexo observadas a lo largo de la vida.” [43]

La noticia de esta investigación fue cubierta por CNA, que significa “Catholic News Agency”. En su informe, citan al psicólogo y médico de familia Leonard Sax, quien expresó:

“Creo que la importancia de esta investigación es que muestra que el cerebro de una niña en el útero de su madre antes del nacimiento es significativamente diferente al cerebro de un bebé en el útero de su madre en la misma etapa antes del nacimiento. Lo que significan exactamente esas diferencias es controvertido. El cerebro humano tiene un género antes del nacimiento. Eso puede ser políticamente incorrecto, pero es una realidad empírica.” [44]

Sax publicó un artículo el 27 de marzo de 2019 en Psychology Today, donde resumió los descubrimientos del estudio y cuestionó por qué este no había recibido la atención de los medios de información. Él escribe:

“Si la teoría de Butler/Fine fuera correcta -si las diferencias de género en el cerebro y el comportamiento fueran principalmente una construcción social, y no algo innato- entonces no deberíamos ver diferencias entre el cerebro femenino y el masculino en el periodo prenatal, pero sí grandes diferencias entre los adultos, que después de todo han tenido la desgracia de vivir toda su vida en un patriarcado heteronormativo. Pero la realidad es justo la contraria: Las diferencias entre mujeres y hombres suelen ser mayores en el periodo prenatal, y esas diferencias disminuyen con la edad, reduciéndose a menudo a cero entre los adultos.[45]

Sax critica las investigaciones realizadas por la profesora feminista Judith Butler, conocida por ser una de las pioneras en la idea de que "hombre" y "mujer" son construcciones sociales. Esta misma creencia, lamentablemente, se encuentra en los nuevos libros de texto escolares, y muchos padres de familia, en su ignorancia, no se han percatado de ello. Algunos los consideran simplemente como una actualización acorde a la nueva realidad mexicana, mientras se pasan tildando a los opositores de "challoteros," "fanáticos religiosos," "ignorantes" o detractores del presidente Andrés López Obrador (aclaro que no tengo nada en contra del señor presidente).

En su ingenuidad, muchos estos individuos creen que los padres que se oponen a la distribución de estos nuevos libros de texto están privando a sus hijos de su derecho a la educación. Pero, ¿desde cuándo es un derecho permitir que adoctrinen a tus hijos? He tenido conversaciones con padres de familia y profesores que defienden estas ideas, y todos, con todo respeto, han demostrado un desconocimiento profundo en este tema.

Volviendo al meollo del asunto, Leonard Sax critica a Judith Butler y a la psicóloga y neurocientífica Cordelia Fine por sostener la idea de que los comportamientos típicamente masculinos y femeninos son simplemente productos de la cultura y no tienen ninguna relación con la naturaleza humana. Pero la evidencia científica, de manera concluyente, no respalda estas afirmaciones. Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que expresar ideas incoherentes te convierte en merecedor de premios y elogios.

Para poner un ejemplo, Judith Butler ha sido galardonada con numerosos honores académicos, incluido el lucrativo Premio Mellon, dotado con 1.5 millones de dólares en efectivo (más que el Premio Nobel, que otorga 1.1 millones de dólares). Cordelia Fine también recibió el prestigioso premio de la Royal Society al mejor libro científico del año por su obra titulada "Testosterone Rex: Unmaking the Myths of Our Gendered Minds." (Testosterona Rex: Desmontando los mitos de nuestras mentes de género.)

Pero, desafortunadamente, la evidencia sólida y los estudios que contradicen la “corrección política” son a menudo pasados por alto por los medios de comunicación. Casi no reciben premios ni reconocimiento, y en el peor de los casos, los expertos que se atreven a expresar la verdad son castigados por no seguir la corrección política impuesta por la ideología de género. Leonard Sax menciona el caso del profesor sueco Germund Hesslow, especializado en neurofisiología en la universidad de Lund. Suecia es uno o el país más feminista de Europa, donde el adoctrinamiento y la corrección política son especialmente rigurosos.

El profesor Hesslow se encontró en medio de una polémica cuando, durante su curso sobre "Patrimonio y Medio Ambiente" en la principal institución académica, citó investigaciones científicas que respaldan la idea de que existen diferencias biológicas innatas entre hombres y mujeres. Esto llevó a que fuera acusado de hacer declaraciones "transfóbicas" y "antifeministas". Un denunciante incluso sugirió que los comentarios de Hesslow estaban en desacuerdo con los "valores fundamentales" de Suecia.

En consecuencia, Hesslow fue convocado a una reunión con Christer Larsson, presidente de la junta del programa de educación médica. Todo esto ocurrió después de que una estudiante se quejara de que el profesor había expresado su "agenda antifeminista personal". A pesar de enfrentar la posibilidad de perder su empleo y las acusaciones de transfobia y antifeminismo, Hesslow decidió mantenerse firme y decir la verdad en lugar de retractarse.

Leonard Sax acertadamente dice:

“Algunas de las diferencias de sexo en el nuevo estudio son realmente sorprendentes (...) Recuerde, ¡estos son fetos en el útero! En otras áreas del cerebro, las diferencias no fueron tan sorprendentes. Una siguiente pregunta razonable podría ser: ¿Por qué estas áreas del cerebro, y no otras, muestran diferencias tan dramáticas entre hombres y mujeres? Otra pregunta razonable sería: ¿Por qué los principales medios de comunicación de Estados Unidos no han cubierto esta nueva investigación?[46]

La respuesta a la pregunta de Sax es bastante clara. Los medios de comunicación a menudo están comprometidos con una agenda política que favorece la ideología de género. Esto significa que se centran en promover estudios "pseudocientíficos" que respaldan esa ideología, mientras ignoran por completo los estudios reales respaldados por pruebas sólidas e irrefutables. ¿Por qué lo hacen? Sencillo: porque sirve a sus intereses.

Por eso se debe destacar que los nuevos libros de texto escolares también están en línea con esta agenda, ya que no citan ni hacen referencia a ningún estudio científico que contradiga las ideas promovidas por la izquierda política, grupos feministas y colectivos LGBT. Esto se debe a que estos libros se presentan como “defensores de la igualdad y la tolerancia”, mientras que, en realidad, muchas veces practican la intolerancia y la censura con la disidencia.

 

02. ¿Por qué algunos niños les gusta las muñecas y algunas niñas les gusta los carritos?

A partir de ahora, utilizaré los términos "progresistas", "feministas" y "militantes LGBT" de manera intercambiable. Es importante mencionar que algunos grupos progresistas que no están vinculados a la comunidad LGBT también defienden puntos de vista relacionados con la pedofilia y comparten la misma ideología de género que mencioné anteriormente. Pero aún queda una pregunta clave por responder: ¿Por qué algunos niños prefieren juguetes considerados "de niña" y algunas niñas se inclinan por juguetes "de niño"? Esta cuestión es importante porque en internet, los progresistas a menudo celebran cuando un padre comparte un video de su hijo feliz recibiendo una muñeca. Lo hacen para decir: "¡Miren! Los niños también pueden jugar con muñecas; los juguetes no tienen género. Los estereotipos en los juguetes son culpa de los padres y son solo construcciones sociales ¡Jake mate conservas!".

Ante esto, es crucial saber que incluso muchas de estas preferencias tienen dos explicaciones, y estas explicaciones fortalece la idea de que las preferencias de los niños por los juguetes están relacionadas con su naturaleza innata. Quiero mostrar dos ejemplos:

Es obvio que muchos de los medios de comunicación que a menudo se prestan para este tipo de noticias virales, lo hacen con un propósito ideológico al que están comprometidos. Quieren instar a los padres a romper con los estereotipos y a creer que los niños son como hojas en blanco cuyas preferencias son dibujadas únicamente por los padres y la cultura que los rodea. No es raro ver comentarios que felicitan a estos supuestos "héroes" posmodernos, que intenta demostrar que no deberíamos etiquetar los juguetes por género. Sin embargo, es esencial comprender que esto no desacredita el hecho de que las preferencias de los niños por los juguetes según su género están influenciadas por su propia naturaleza y biología. Quiero exponer dos razones para este fenómeno.

 

Razón 1: Los niños integra juguetes masculinos o femeninos para enriquecer sus juegos.

Es fundamental comprender que los niños no están condicionados únicamente por factores sociales cuando se trata de sus preferencias de juguetes. Tomemos la elección de una muñeca por parte de un niño como ejemplo. Cuando un niño juega con carritos o figuras de acción, a menudo necesita una figura femenina en sus juegos. Permítame ilustrar mejor la cuestión: Cuando un niño juega con figuras de acción o carritos, a menudo incorpora personajes femeninos en su juego. Un ejemplo, cuando juega al príncipe que rescata a la princesa. Otro ejemplo, puede usar una muñeca Barbie para crear una historia más interesante. No significa que al niño le gusten los juguetes "de niña" tanto como los "de niño", sino que busca diversificar sus juegos.

Recalco de nuevo, esto no significa que el niño tenga preferencia por los juguetes femeninos al mismo nivel que los juguetes masculinos, sino que está incorporando elementos femeninos para enriquecer su juego. Es por esto que estoy de acuerdo en permitir que los niños elijan los juguetes que deseen. Si un niño elige una muñeca, no significa que su orientación sexual esté en juego, ya que esto es imposible. Más bien, demuestra que el niño necesita la figura femenina para encajar en las historias que crea mientras juega con sus juguetes predominantemente masculinos.

Otro ejemplo se da cuando un niño participa en juegos tradicionalmente considerados femeninos, como jugar a la hora del té con su hermana o amiguita, el niño jugará usando tacitas y platitos de juguete. En este caso, el niño utiliza juguetes típicamente asociados a las niñas, no porque tenga una preferencia principal por estos juguetes, sino porque sabe que se adaptan a la dinámica de su juego. Lo mismo ocurre cuando un niño juega a la casita y asume el papel de padre, mientras que la niña interpreta el papel de madre. En este contexto, es normal que utilicen una muñeca bebe para representar al hijo. Esto no implica que el niño tenga una preferencia predominante por juguetes femeninos, sino que los está incorporando para enriquecer su juego.

Yo recuerdo múltiples veces que yo jugaba con mi hermana menor con peluches, carritos, juguetes de acción y a veces con muñecas, pero no porque yo le daba el mismo valor y preferencia los juguetes de niña por sobre los juguetes de niño, a mí siempre me seguían gustando los carritos y prefería más los carritos antes que una muñeca. No por eso yo desechaba la oportunidad de incluir una muñeca en mis juegos porque cuando jugaba con mi hermanita, siempre me veía en la necesidad de integrar un personaje femenino o incluso integrar al personaje Barbie para ser más interesante el juego. Lo mismo ocurría con mi hermana, lo cual recuerdo perfectamente que mi padre nos compraba carritos de juguete y también le regalaba carritos a mi hermana y a ella le gustaba, pero no por eso mi hermana perdía el interés predominante por sobre los juguetes de niña, simplemente ella comprendía que los carritos podían integrarse al juego pero que la preferencia siempre seguía siendo los juguetes de niña.

Lo mismo sucede con las niñas que, en ocasiones, pueden mostrar interés en juguetes considerados típicamente masculinos, como armas de juguete o carritos. Esto no indica que tengan preferencias principales por estos juguetes, sino que los están incorporando a sus juegos de manera natural.

Es importante destacar que cuando las niñas muestran interés en actividades tradicionalmente masculinas, como jugar con carritos o vehículos de construcción, esto no significa que se convertirán en lesbianas en el futuro. Del mismo modo, si a un niño le gustan las muñecas, esto no afectará su orientación sexual. En última instancia, estas elecciones de juguetes se hacen para enriquecer sus juegos y no deben interpretarse como una amenaza a la orientación del niño.

En resumen, aunque los niños a menudo incorporan juguetes del género contrario en sus juegos, esto no invalida el hecho de que tengan preferencias marcadas desde una edad temprana. Las niñas suelen preferir juguetes considerados femeninos, mientras que los niños tienden a preferir juguetes masculinos. Estas preferencias están relacionadas en la biología y la naturaleza de los niños, y la influencia de los padres y la cultura solo refuerza estas tendencias naturales.

Como se demostró en los experimentos mencionados, incluso cuando se les da total libertad, los niños tienden a elegir los juguetes correspondientes a su género. Sin embargo, es esencial comprender que integrar un juguete del género contrario en el juego de un niño no significa que sean como hojas en blanco cuyas preferencias y estereotipos son únicamente construcciones sociales como dice los progresistas. Estas preferencias siempre existirán y los estereotipos surgirán de forma natural. Lo importante es entender que un juguete no determinará la orientación sexual de un niño, ya que las preferencias de género son mucho más complejas y conectadas en su biología y naturaleza.

De hecho, en programas de televisión y películas, hemos presenciado cómo los niños incorporan juguetes tanto de niños como de niñas para hacer sus juegos aún más emocionantes. Aquí te presento tres ejemplos que lo demuestran claramente.

 

Estos ejemplos nos muestran que los niños pueden mezclar juguetes de distintos géneros para hacer sus juegos más emocionantes. Sin embargo, quiero destacar que esto no significa que las niñas dejen de preferir en primer lugar los juguetes considerados para niñas o que los niños dejen de dar la principal preferencia a los juguetes para niños. Quiero aclarar este punto porque no quiero que pienses que estoy respaldando las ideas de los progresistas que afirman que "los estereotipos en los juguetes no existen y que los padres deben eliminarlos". En mi opinión, estas afirmaciones carecen de fundamento y utilizan argumentos ridículos para respaldar sus argumentos.

La realidad es que los estereotipos en los juguetes persisten, no porque los juguetes tengan género intrínseco, sino porque los niños tienden a mostrar un mayor interés en ciertos tipos de juguetes según su género. Esto es algo que no podemos negar y que está relacionado con las diferencias biológicas entre niños y niñas. Por lo tanto, la lucha de los progresistas contra los estereotipos en los juguetes está destinada al fracaso.

Es lamentable que algunos padres, debido a la desinformación, caigan en estas trampas. Es por eso que decidí escribir este libro, para aclarar este tema y evitar que los padres sean engañados por argumentos engañosos de la izquierda progresista. La verdad es que los intereses de los niños en los juguetes están conectados con su sexo, y eso es algo que debemos comprender y respetar en lugar de tratar de eliminar los estereotipos en los juguetes.

Mantener los estereotipos en los juguetes no implica que debamos restringir la libertad de elección de los niños en cuanto a los juguetes que desean. Lo que realmente estamos haciendo es reconocer la diferencia de preferencias entre niños y cómo los juguetes pueden satisfacer estas diferencias. Los estereotipos en los juguetes son una especie de guía general, no una regla para limitar la libertad de elección de los niños.

Alicia Rubios reflexiona sobre esto y afirma:

“Si bien antaño la sociedad incentivaba este tipo de conductas diferenciales en el juego, en la actualidad no existe apenas el padre o madre que obliga a jugar a sus hijos con “lo que le corresponde por sexo” y los niños actuales juegan con lo que quieren jugar. De hecho, no es extraño ver niñas jugando con coches, o piezas de juegos de construcción a “las familias”. Y chicos que juegan, con muñecas, a las carreras.

Los niños de los países occidentales u occidentalizados juegan con lo que quieren y a lo que quieren. Parece, por tanto, que pese a la educación en igualdad y la ausencia de roles impuestos en el proceso educativo de las nuevas generaciones, curiosamente no se consigue erradicar una dicotomía en gustos y comportamientos de chicos y chicas.” [47]

Recordemos el caso de Jay Deitcher y su hijo Avishai, es un ejemplo claro de cómo, aunque el niño jugara con juguetes tradicionalmente considerados para niñas, el interés principal de Avishai seguía siendo hacia los juguetes diseñados para niños. Jay Deitcher, a pesar de su ideología de eliminar los estereotipos en los juguetes, finalmente reconoció que las preferencias de los niños por los juguetes según su género, en línea con su biología, siempre prevalecerán sobre las ideologías progresistas. El psicólogo americano Leonard Sax dice que "los niños de dieciocho meses no eligen jugar con camiones en lugar de muñecas porque saben que “se supone” que deben hacerlo. Eligen camiones porque prefieren jugar con camiones." [48]

Leonard Sax ofrece un excelente punto de vista:

“Hoy sabemos que las diferencias innatas entre niñas y niños son profundas. Por supuesto, no todas las niñas son iguales ni todos los niños son iguales. Pero las niñas y los niños se diferencian entre sí de forma sistemática, y hay que comprenderlas y aprovecharlas, no ocultarlas ni ignorarlas.  Las niñas y los niños juegan de forma diferente. Aprenden de forma diferente. Luchan de forma diferente. Ven el mundo de forma diferente. Oyen de forma diferente. Cuando empecé a estudiar en 1980, la mayoría de los psicólogos insistían en que esas diferencias se debían a que los padres educaban a las niñas y a los niños de forma diferente. Hoy sabemos que la verdad es al revés: los padres educan a las niñas y a los niños de forma diferente porque las niñas y los niños son muy diferentes desde que nacen. Los niños y las niñas se comportan de forma diferente porque sus cerebros están conectados de forma diferente.” [49]


Gwen Dewar es una experta en una amplia gama de disciplinas, como antropología, biología evolutiva, psicología, epigenética, neurociencia y zoología. Gwen nos ofrece una perspectiva valiosa sobre por qué los niños a menudo eligen juguetes del género opuesto para enriquecer sus experiencias de juego.

“Quizás la preferencia masculina por el juego brusco pueda explicar la forma en que los niños juegan con sus juguetes. Pero eso no hace que los juguetes en sí sean intrínsecamente masculinos o femeninos.

Dale a una niña algunos dinosaurios de plástico y ella podría hacer varias cosas: representar un drama, llevar a los dinosaurios a “buscar comida” o tratar los juguetes como mascotas. Es más probable que un niño represente batallas de dinosaurios. Quizás no sean los juguetes los que definen el juego típico masculino, sino lo que los niños hacen con sus juguetes (…) Por lo tanto, independientemente de que los niños estén o no predispuestos a preferir “juguetes de niño”, no hay razón para pensar que las niñas estén predispuestas a rechazar juguetes que sean estereotípicamente masculinos.” [50]


Es fundamental entender, querido padre de familia, que los niños a veces se sienten atraídos por juguetes que no corresponden a su género. Sin embargo, esto no significa que hayan abandonado su preferencia principal por los juguetes que tradicionalmente se asocian con su género. A menudo, los niños eligen diferentes tipos de juguetes para enriquecer su juego. Puede ser un niño jugando a ser papá con una muñeca bebé o una niña recreando una batalla como la valiente Juana de Arco con un juguete de guerra [51].

No hay motivo de alarma en estas situaciones, ya que es una parte normal del desarrollo de los niños. Pero quiero enfatizar nuevamente que esto no significa que los niños hayan cambiado su preferencia principal por los juguetes que se consideran típicos de su género.

La científica y neuropsiquiatra Louann Brizendine aporta más al tema y dice:

“En una guardería irlandesa, los investigadores observaron que los niños cogían los juguetes de cocina de las niñas e incluso desatornillaban la llave del grifo del fregadero en miniatura para utilizarlos como armas de juguete. En otro estudio desarrollado en guarderías, los investigadores observaron que la probabilidad de que los niños utilizasen objetos domésticos como equipamiento o armas era seis veces mayor que en el caso de las niñas. Utilizaban una cuchara como linterna para explorar una cueva imaginaria, convertían espátulas en espadas para luchar contra los «malos», y utilizaban alubias a modo de balas.” [52]

También podemos ver estos tipos de comportamientos en experimentos. En algunas ocasiones, los niños eligen jugar con juguetes considerados para niñas para agregar variedad y diversión a sus juegos. La neurocientífica y psicóloga Cordelia Fine ha hecho algunas observaciones interesantes al respecto:

“Aunque muchas diferencias de comportamiento entre los sexos son modestas tanto en niños como en adultos a partir de los 3 años de edad, existen diferencias sustanciales de sexo en las preferencias de juguetes. Por ejemplo, en un estudio observacional típico de laboratorio, se ofreció a los niños una colección de juguetes típicos femeninos, típicos masculinos y neutros para jugar. Las niñas dedicaron aproximadamente el 60 % de su tiempo de juego a los juguetes típicos femeninos (una vajilla, una muñeca Barbie con ropa y accesorios, una muñeca de trapo con accesorios y un kit de cosméticos), mientras que los niños sólo dedicaron el 6 % de su tiempo a esos juguetes. En cambio, los niños pasaban el 70 % de su tiempo con juguetes típicos masculinos (un coche, un camión de bomberos, un avión de Lego o un juguete de construcción Lincoln Logs, un juego de herramientas, un helicóptero y una pistola), frente a sólo el 13 % de las niñas (Pasterski et al. 2005). Las niñas y los niños pasaban cantidades similares de tiempo jugando con los juguetes neutros (un rompecabezas, un juego de mesa, libros, lápices de colores y un bloc de dibujo).” [53]

Quiero compartir una experiencia personal que tuve hoy, el 17 de septiembre de 2023, mientras escribía esta página de nuestro libro. Fui a visitar a una amiga de mi padre para obtener el número de teléfono de alguien importante. Mi objetivo era añadirlo a mis contactos y realizar una importante llamada. Cuando llegué a su casa, vi a sus dos hijos jugando. Uno de ellos tenía un camión de juguete, y el otro sostenía un pony rosado con alas, claramente un juguete considerado para niñas y que pertenecía a su hermana. Ambos niños se divertían jugando juntos, uno con el camión y el otro con el pony rosa.

Lo interesante es que sus padres no le daban ninguna importancia a qué tipo de juguete estaban usando. Además, es relevante mencionar que, en Honduras, donde vivo y escribo, no hemos sido invadidos por la ideología de género en nuestras instituciones públicas, escuelas o universidades, como ha ocurrido en otros lugares. La gran mayoría de los hondureños, hasta la fecha en que escribo esto, desconoce este tema.

Cuando observé los demás juguetes del niño, noté que prefería las pelotas y los carritos. Sin embargo, eso no impidió que agarrara un juguete de su hermana para incorporarlo en la historia de su juego y hacerlo más emocionante. Esto confirmó lo que estamos leyendo en este libro: los niños y las niñas tienen preferencias por los juguetes de su género, pero a veces quieren agregar juguetes del otro género para enriquecer su experiencia de juego, sin que esto signifique que pierdan su interés principal por los juguetes de su propio género.

 

Razón 2: Puede deberse a una cuestión biológica.

A veces, nos encontramos con situaciones en las que los niños prefieren jugar con juguetes considerados tradicionalmente para niñas, y algunas niñas encuentran más atractivos los juguetes destinados a niños. Los progresistas no son capaces de dar una explicación lógica a este fenómeno, donde los papeles se invierten en lugar de ver a estos niños prefiriendo todos los juguetes por igual sin crear estereotipos. En su desesperado intento por derribar los estereotipos en los juguetes, se enredan en explicaciones complicadas que parecen sacadas de un chiste de Pepito, todo para no admitir lo obvio: La naturaleza del niño influye en sus preferencias de juguetes.

Es como si estuvieran tratando de hacer malabares con tortillas, solo para evitar que e l mundo los mire con una ceja levantada (aunque sinceramente, eso ya está sucediendo). Prefieren mantener su ideología a toda costa, incluso si eso significa parecer un tanto ridículos y negar evidencias claras. Después de todo, ¿quién quiere dar la razón a los "malvados conservadores" cuando se trata de los juguetes de los niños?

Aunque en las redes sociales estos progresistas son un chiste mal contado cuando alegan qué algunos [54] niños juegan con muñecas sin admitir que, en realidad, muchos de estos niños prefieren los juguetes de niñas antes que los de niños y de hacerlo, se encuentran en una encrucijada. El problema es que, si admitieran esto, tendrían que inventarse una explicación que su ideología de género no puede proporcionar.

Imagina la situación: progresistas tratando de explicar por qué a Juanito le encanta su Barbie, sus platitos de juguete, su casita de muñecas más que su súper robot espacial, sus carritos y sus pistolitas de juguete. ¡Sería tan absurdo como un astronauta tratando de pedir pizza desde la Luna!!

Desafortunadamente para ellos, esta realidad tiene una explicación biológica bastante sencilla, pero claro, eso sería como un golpe bajo para su causa de abolir los estereotipos en los juguetes. Sería como si Estados Unidos ganara un partido de fútbol contra la Unión Soviética durante la Guerra Fría, y ya sabemos cómo terminó esa historia.

Gwen Dewar nos explica al respecto de este tema:

“Sin duda, la cultura y las presiones sociales influyen mucho en lo que los niños consideran un juguete aceptable. Pero también me pregunto si las hormonas -y las diferencias cerebrales causadas por las hormonas- influyen en las preferencias por los juguetes.

Esta idea concuerda con un estudio reciente sobre los niveles de testosterona en niños pequeños. Investigadores finlandeses realizaron un seguimiento de los niveles de testosterona en 48 recién nacidos durante 6 meses y, a continuación, analizaron las preferencias de los niños por los juguetes cuando tenían 14 meses. Las niñas eran más propensas a jugar con trenes de juguete si habían mostrado niveles más altos de testosterona cuando eran bebés. Los niños con niveles más bajos de testosterona tenían más probabilidades de jugar con muñecas.” [55]

Nuevamente, reafirmamos lo que estamos discutiendo. Cuando una niña está expuesta a niveles más altos de testosterona mientras está en el vientre de su madre, es más probable que prefiera juguetes que generalmente son considerados masculinos. Por otro lado, los niños expuestos a niveles más bajos de testosterona tienden a sentirse atraídos por juguetes que suelen ser etiquetados como femeninos.

Bryan Keogh ofrece una breve explicación al respecto:

“La preferencia de género por las muñecas frente a los camiones parece tener un elemento innato. Los fetos masculinos y femeninos se desarrollan en entornos hormonales algo diferentes, y esto influye en sus preferencias posteriores por los juguetes. Los testículos de los fetos masculinos comienzan a producir testosterona aproximadamente en la octava semana de gestación, mientras que los ovarios de los fetos femeninos no lo hacen. En consecuencia, los fetos masculinos tienen niveles más altos de testosterona.

Las niñas con un trastorno que hace que sus glándulas suprarrenales produzcan altos niveles de testosterona eligen jugar con juguetes como vehículos y juguetes de otros niños más que otras niñas, y están menos interesadas en muñecas y juguetes de otras niñas.” [56]

Una vez más, es importante recordar cómo los niveles de testosterona en el útero materno influyen en las preferencias de juguetes de los niños. Si una niña prefiere jugar con carritos en lugar de muñecas, esto se debe a la exposición a niveles más altos de testosterona durante su desarrollo fetal. No se trata de una niña que desafió estereotipos debido a la educación de sus padres; simplemente está siguiendo su propia naturaleza y cómo está la ha moldeado.

La doctora y licenciada en psicología por la Universidad de York en Toronto, Debra Soh explica la cuestión:

Ojalá pudiera decirles a todos los padres que la biología no es algo a lo que haya que temer. A los padres se les ha dicho que, si no ofrecen un entorno perfectamente equilibrado, están restringiendo el potencial del niño: las niñas se verán privadas de oportunidades laborales y los niños pequeños quedarán emocionalmente atrofiados. La ciencia a favor de explicaciones biológicas del género es indiscutible. Como mencioné en el capítulo 2, las influencias sociales pueden afectar el grado en que se expresan los intereses y comportamientos de una persona, pero no pueden anular las preferencias subyacentes en sí mismas (…) Un niño típico está expuesto a altos niveles de testosterona y, cuando nace, se inclinará hacia actividades mecánicamente interesantes, como jugar con juguetes con ruedas y ocupaciones relacionadas en la edad adulta. Lo mismo puede decirse de las niñas que experimentan altos niveles de exposición a testosterona. Como se muestra en las niñas con hiperplasia suprarrenal congénita, incluso si sus padres las alientan más a jugar con muñecas, seguirán prefiriendo los juguetes típicos de los niños. Esto se debe a que una mayor exposición a la testosterona en el útero se asocia con intereses típicos masculinos, y como vimos en el Capítulo 2, algo llamado el “cerebro masculino extremo”. El cerebro masculino extremo tiende a correlacionarse con una mayor eficiencia a la hora de sistematizar y, en algunos casos, un diagnóstico en el espectro del autismo. Los cerebros que están expuestos a niveles más bajos de testosterona, por el contrario, son más eficientes a la hora de sentir empatía.” [57]

Ahora, permítanme presentar el fascinante trabajo de la neurocientífica Melissa Hines, la neuróloga Mihaela Constantinescu y la profesora del Departamento de Psicología Debra Spencer. Estas destacadas expertas nos brindan una investigación sólida que explora por qué algunas niñas optan por juguetes considerados para niños, y por qué algunos niños eligen juguetes tradicionalmente asociados con niñas.

Los andrógenos son un grupo de hormonas esteroides sexuales que incluyen a la testosterona. Las niñas expuestas a más niveles de testosterona padecen de lo que se conoce como hiperplasia suprarrenal congénita (HSC). Melissa Hines, Mihaela Constantinescu y Debra Spencer sostienen:

“La evidencia más sólida de que la exposición prenatal a los andrógenos contribuye al desarrollo del género humano proviene de estudios sobre el juego con estereotipos de género en niños. Las niñas expuestas a niveles elevados de andrógenos durante el embarazo, debido a una condición genética llamada hiperplasia suprarrenal congénita (HSC), muestran una mayor preferencia por juguetes, compañeros de juego y actividades típicas de los varones. Este hallazgo se ha replicado en más de una docena de estudios realizados por varios grupos de investigación independientes en diversos países, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Suecia y Alemania.” [58]

Las investigadoras para confirmar que los niveles de testosterona afectan el comportamiento y preferencia de los niños hacia ciertos juguetes, les recetaron a madres de familia a tomar medicamentos conocido como:

Progestágenos androgénicos: Estos medicamentos hacen que los cuerpos de las madres embarazadas produzcan más hormonas masculinas llamadas "andrógenos".

Hormonas antiandrogénicas: Estos medicamentos hacen que los cuerpos de las madres embarazadas produzcan menos hormonas masculinas.

Cuando se les dio a las madres embarazadas tomar estos medicamentos, los resultados en “los niños sanos a cuyas madres se les prescribieron progestágenos androgénicos durante el embarazo muestran un aumento del juego típico masculino, y que aquellos a cuyas madres se les prescribieron hormonas antiandrogénicas muestran una reducción del juego típico masculino.” [59]

Este interesante estudio de las expertas también arroja luz sobre hombres que nacen con un trastorno llamado "Síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos" (SIA). En este caso, sus cuerpos no responden a las hormonas masculinas llamadas "andrógenos", a pesar de tener testículo. Como resultado, nacen con genitales externos de apariencia femenina. Según esta investigación, "Los adultos con SIA recuerdan haber participado en una reducción del comportamiento de juego típico de los hombres y un mayor comportamiento de juego típico de las mujeres en la infancia, y estos efectos también han sido replicados por un grupo de investigación independiente en niños con SIA." [60]

Esto significa que los hombres que nacen con el síndrome de insensibilidad a los andrógenos se sentían atraídos por jugar con muñecas de niña en su infancia debido a que sus cuerpos no respondían adecuadamente a las hormonas masculinas llamadas andrógenos. Esta falta de respuesta hormonal puede llevar a que estos hombres tengan una apariencia física femenina tan increíble que es difícil creer que en realidad son hombres; Parecen, hablan y se comportan como mujeres, hablaré de esto más adelante.

Este caso refuerza nuestro argumento de que la testosterona o las hormonas masculinas, conocidas como andrógenos, influyen en el comportamiento y las preferencias de los niños en cuanto a los juguetes. Por eso, las expertas que estamos citando dicen que “Por lo tanto, varias líneas de evidencia convergen en la conclusión de que la exposición prenatal a hormonas androgénicas aumenta el comportamiento de juego típico masculino en los niños.” [61]

Milton Diamond, un distinguido profesor de anatomía y biología reproductiva en la Universidad de Hawái en Manoa, fue un pionero y un campeón en su crítica a la ideología de género. Este valiente académico se pronunció en contra de John Money, el psicólogo responsable del horrible experimento que afectó la vida de David Reimer, a quien intentaron convertir en niña, como mencionamos en páginas anteriores.

Cuadro de texto: Milton Diamond (1934—2024)Diamond también cuestionó las ideas de la feminista Judith Butler, un tema que abordaremos en un próximo libro. Una de las experiencias más significativas de Diamond fue su encuentro personal con David Reimer, a quien alentó a compartir su historia con el mundo. En ese momento, la mayoría de las personas, incluidos científicos, creían que el experimento de John Money había tenido éxito al convertir a un niño en una niña.

El psicólogo americano Leonard Sax le llama "Edad Oscura" al periodo que va desde mediados de los años sesenta hasta mediados de los años noventa. Leonard Sax dice que durante esta época “era políticamente incorrecto sugerir que había diferencias innatas en cómo aprenden y juegan las niñas y los niños-, la mayoría de los expertos insistían en que las preferencias de los niños por los juguetes se construyen socialmente.” [62] Esta época oscura se debió en gran parte a John Money, quien presumía que su experimento había tenido éxito, cuando en realidad eran puras mentiras.

David Reimer se indignó y decidió contar al mundo su verdad. Siempre se identificó y se comportó como un niño, y el intento de cambio de sexo de John Money había sido un completo fracaso. David Reimer participó en un documental donde compartió su historia, que ahora sirve como una advertencia para los padres mexicanos. [63]

Es una advertencia importante, ya que, al defender los nuevos libros de texto, algunos padres pueden estar contribuyendo sin saberlo a una ideología que está afectando negativamente a miles de niños. A veces, esta amenaza pasa desapercibida debido a la falta de información, y muchos padres lamentan que no se les entreguen los libros a sus hijos, sintiéndose privados de su "derecho" a la educación.

Lamentablemente, David Reimer ya no está vivo para advertir a los padres mexicanos sobre el peligro al que están exponiendo a sus hijos. Trágicamente, se suicidó en 2004 debido al trauma que experimentó como resultado del experimento. Si pudiera hablarles hoy, ¿qué les diría David Reimer a esos padres mexicanos que defienden los nuevos libros de texto?

El profesor Milton Diamond afirmaba que " mi reacción inmediata a esa tesis (ideología de género) es que era muy simplista, pensé que los humanos éramos mucho más complejos, que un simple producto de la educación". [64] La narradora del documental comenta que “Milton Diamond es biólogo, él cree que los seres humanos nacen con el mismo instinto que los animales, que los hace actuar como varones o hembras.” [65] Diamond añade un interesante comentario, “Yo no veía ninguna razón por la cual los seres humanos debíamos ser diferentes. Nosotros estamos influenciados por nuestra sociedad, la educación influye mucho en nuestro comportamiento, pero nuestras inclinaciones básicas, nuestro sistema básico, las predisposiciones que tenemos, nos viene dado por la biología." [66]

En resumen, según Diamond, cuando la sociedad nos dice cómo deben comportarse los niños y las niñas, es en gran parte porque ya estamos programados biológicamente para actuar como niños o niñas. Los niños son naturalmente inclinados a comportarse como niños, y lo mismo sucede con las niñas, quienes desde el nacimiento tienen tendencias naturales a comportarse como niñas. Así que, en última instancia, el género es una mezcla de biología y cultura, no solamente cultura (como mienten los nuevos libros de texto). La cultura y la biología influyen en nuestra identidad y comportamiento.

Cuadro de texto: Milton Diamond con David Reimer y la madre de David.Diamond también defiende la idea de que la testosterona desempeña un papel fundamental en los comportamientos masculinos y femeninos, y que estos no son simplemente construcciones sociales. En la década de 1950, Diamond llevó a cabo una serie de experimentos que lo llevaron a esta conclusión. Inyectó testosterona en ratas hembras embarazadas, y esta hormona llegó a los fetos a través del cordón umbilical. Cuando nacieron las ratas, las hembras presentaban genitales y comportamientos muy similares a los de los machos. Intentaban aparearse con otras hembras y se sentían atraídas por los mismos olores que los machos.

En ese momento, Diamond desafió la entonces llamada "teoría de la neutralidad" (lo que hoy llamamos ideología de género), pero lamentablemente no fue ampliamente escuchado. Sin embargo, con el tiempo, la evidencia ha respaldado su perspectiva, y hoy en día tenemos suficiente información para afirmar que los comportamientos masculinos y femeninos tienen una base biológica sólida. Esto significa que nuestra naturaleza biológica influye en gran medida en nuestros roles y estereotipos de género, y no son simplemente productos de la sociedad.

Por eso, cuando vea una noticia en un medio progresista donde un padre le compra una muñeca a su hijo y el niño se alegra por ello, no se alarme y hágase esta pregunta importante:

¿El niño sigue prefiriendo principalmente los juguetes típicamente masculinos?

Si la respuesta es sí, entonces no está desafiando ningún estereotipo de género. El niño simplemente quiere agregar un juguete considerado femenino a su colección para enriquecer su juego, pero esto no significa que todos los juguetes para niños y niñas le interesen por igual. Simplemente le asigna un rol a una muñeca para complementar su juego.

Si la respuesta es no, una vez más, no está desafiando ningún estereotipo de género. El niño simplemente muestra un comportamiento más femenino debido a la cantidad más baja de testosterona a la que estuvo expuesto en el útero materno.

Lo mismo se aplica a las niñas. Nuestras preferencias y comportamientos están fuertemente influenciados por la biología, aunque la cultura y la sociedad también desempeñan un papel importante. Recuerde, somos una mezcla de biología y cultura, no solo cultura.

Es fundamental tener en cuenta los puntos expuestos en este capítulo, de esta manera, podemos llegar a la conclusión que NADIE está desafiando estereotipos de género en los juguetes como falsamente alega el progresismo.

Melissa Hines es profesora de psicología en el Departamento de Psicología Social y del Desarrollo de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, sostiene que:

Estos estudios proporcionan pruebas sustanciales de que la exposición prenatal a los andrógenos influye en el comportamiento lúdico infantil, incluidas las preferencias de juguetes, compañeros de juego y actividades, así como la orientación sexual (es decir, la dirección del interés erótico). [67]

La doctora y licenciada en psicología por la Universidad de York en Toronto Debra Soh cierra este largo pero necesario capítulo de la siguiente forma:

Una mayor exposición a la testosterona prenatal se asocia con intereses y comportamientos típicos de los hombres y con atracción sexual hacia las mujeres, independientemente de si el individuo es hombre o mujer. Los niños, por ejemplo, suelen estar expuestos a niveles más altos de testosterona en el útero y tienden a gravitar hacia juguetes mecánicos, como camiones, y a sentirse atraídos sexualmente por las mujeres al llegar a la pubertad. Un niño que está expuesto a niveles más bajos de testosterona tiene más probabilidades de ser típicamente femenino cuando nace, gravitando hacia juguetes y actividades que las niñas prefieren, como muñecas y jugar a las casitas, ya que las niñas también generalmente están expuestas a niveles más bajos de testosterona. También se sentirá atraído sexualmente por los hombres en la edad adulta.” [68]

 



[1] Es cierto, a veces se escucha el decir "sexo biológico", pero realmente es más adecuado simplemente decir "sexo". La razón es que el sexo, por naturaleza, ya es un aspecto biológico en sí mismo. Así que no hace falta añadir ese tipo de palabras extra.

[2] Rubio, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition), pp. 71.

[3] Gender stereotyping in infancy: Visual preferences for and knowledge of gender-stereotyped toys in the second year. Link de la fuente: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/01650250042000078

[4] Brenda K. Todd, DPhil, John A. Barry, PhD, Sara A. O. Thommessen, BSc.Preferences for ‘gender-typed’ toys in boys and girls aged nine to 32 months, pp. 14

[5] Ibid., pp. 15

[6] Ibid., pp. 19

[7] Ibid.

[8] Gerianne M Alexander, Teresa Wilcox, Rebecca Woods. Sex differences in infants' visual interest in toys. Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19016318/

[9] Pasterski, Vickie L.; Geffner, Mitchell E.; Brain, Caroline; Hindmarsh, Peter; Brook, Charles; Hines, Melissa. Prenatal Hormones and Postnatal Socialization by Parents as Determinants of Male-Typical Toy Play in Girls With Congenital Adrenal Hyperplasia. Fuente: https://srcd.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1467-8624.2005.00843.x

[10] Jay Deitcher.I wanted my son to reject masculine stereotypes. Then he fell in love with tractors. Fuente: https://www.today.com/parents/essay/man-boxes-stereotypes-tractors-rcna25364

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] Ibid.

[17] Leonard Sax. Why gender matters (New York, 2005) pp. 37

[18] Ibid  

[19] Amy Klein,I never wanted my daughter to play with dolls, until this happened. Fuente: https://www.todaysparent.com/blogs/opinion/i-never-wanted-my-daughter-to-play-with-dolls-until-this-happened/

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] Ibid.

[23] Lauren Apfel (2015), The Washington Post. "What my twins taught me about gender stereotypes". Link de la fuente: https://acortar.link/qcRl1l

[24] Ibid.

[25] Ibid.

[26] Ibid.

[27] Juguetes supuestamente neutrales

[28] Louann Brizendine. The Female Brain, (2006, Broadway Books. New York) pp. 11

[29] Observatorio de Bioetica UCV. En el feminismo hasta el cerebro era unisex. Link de la entrevista: https://acortar.link/Z47dNZ

[30] Louann Brizendine. Cerebro masculino (RBA Libros, Barcelona, traducido al español por Marta Pino Moreno, 2013) pp. 37

[31] Daniel López Rosetti. Ellas: Cerebro, corazón y psicología de la mujer (Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Planeta, 2016), Lo cognitivo, Ellas y nosotros.

[32] Debra Soh. The End of Gender: Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society (2020, Threshold Editions) pp. 254-256

[33] G.J. De Vries, J.P.C. De Bruin y H.B.M. Uylings . Sex Differences in the Brain. The Relation Between Structure and Function (Progress in brain research, vol. 6, 1984) pp. 187

[35] Carol Nagy Jacklin y Eleanor E. Maccoby. The Psychology of Sex Differences (Stanford University Press, 1974), vol. 1, pp. 244

[36] Debra Soh. The End of Gender: Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society (2020, Threshold Editions) pp. 256

[38] Alicia Rubio. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition, 2016) pp. 69

[39] Compartir en familia. Los juguetes no tienen género. Link: https://compartirenfamilia.com/aprendizaje/los-juguetes-no-tienen-genero.html

[40] Ibid.

[41] Ellis; Lee, Hershberger, Scott; Field, Evelyn; Wersinger, Scott; Pellis, Sergio; Geary, David; Palmer, Craig; Hoyenga, Katherine; Hetsroni, Amir; Karadi, Kazmer. sex differences: Summarizing More than a Century of Scientific Research. New York, Psychology Press, Taylor & Francis Group, 2008, pp. 450

[42] Heraldo. ¿Existen los juguetes para niños y los juguetes para niñas? Link: https://www.heraldo.es/noticias/sociedad/2021/11/02/existen-juguetes-para-ninos-y-juguetes-ninas-1529604.html

[43] M.D. Wheelock, J.L. Hecta, E. Hernández-Andrade, S.S. Hassan, R. Romero, A.T. Eggebrecht y M.E. Thomason. Sex differences in functional connectivity during fetal brain development. Link de la Fuente: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1878929318301245#!

[44] citado por Jonás McKeown en CNA "New study shows differences between male and female brains in utero, 2019 ". Link de la fuente: https://www.catholicnewsagency.com/news/40942/new-study-shows-differences-between-male-and-female-brains-in-utero

[45] Leonard Sax M.D., Ph.D. (2019). Psychology Today. "A New Study Blows Up Old Ideas About Girls and Boys" Link de la fuente: https://www.psychologytoday.com/us/blog/sax-sex/201903/new-study-blows-old-ideas-about-girls-and-boys

[46] Ibid.

[47] Rubio, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition), pp. 58

[48] Leonard Sax. Why gender matters (New York, 2005) pp. 31

[49] Ibid.

[50] Gwen Dewar, Ph.D. Girl toys, boy toys, and parenting: The science of toy preferences. Fuente: https://parentingscience.com/girl-toys-and-parenting/?fbclid=IwAR0CO76Kh8XbrJcDeWgitbMpG7un-24qKfEOG6SmiJyJGWRMXHruMgvBtSw

[51] Si no estás familiarizado con la historia de Juana de Arco, te invito a conocer la increíble historia de esta valiente mujer que lideró al ejército francés para vencer a los británicos. Puedes disfrutar de su emocionante historia en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=HPSfi3dzHbw

[52] Louann Brizendine. Cerebro masculino (RBA Libros, Barcelona, traducido al español por Marta Pino Moreno, 2013) pp. 37

[53] Cordelia Fine. Neuroscience, Gender, and“Development To” and “From”: The Example of Toy Preferences, pp. 1740

[54] Exacto, mencioné "algunos niños" porque, como he mencionado antes, los niños pueden incorporar juguetes del género opuesto sin que eso signifique que los prefieran sobre los juguetes de su propio género o que consideran todos los juguetes con igual preferencia. Lo hacen simplemente para enriquecer y animar sus juegos, hacerlos más emocionantes. Ahora bien, el resto de los niños que son una excepción a esta regla, aquellos que realmente prefieren los juguetes del género contrario.

[55] Gwen Dewar, Ph.D. Girl toys, boy toys, and parenting: The science of toy preferences. Fuente: https://parentingscience.com/girl-toys-and-parenting/?fbclid=IwAR0CO76Kh8XbrJcDeWgitbMpG7un-24qKfEOG6SmiJyJGWRMXHruMgvBtSw

[56] Bryan Keogh. There’s no good reason to push pink toys on girls. Fuente: https://theconversation.com/theres-no-good-reason-to-push-pink-toys-on-girls-15830

[57] Debra Soh. The End of Gender: Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society (2020, Threshold Editions) pp. 256

[58] Melissa Hines, Mihaela Constantinescu, Debra Spencer. Early androgen exposure and human gender development, pp. 4

[59] Ibid.

[60] Ibid.

[61] Ibid.

[62] Leonard Sax. Why gender matters (New York, 2005) pp. 31

[64] Ibid.

[65] Ibid.

[66] Ibid.

[67] Hines, M. (2017). Gonadal Hormones and Sexual Differentiation of Human Brain and Behavior. Fuente: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/B9780080887838000590?via%3Dihub

[68] Debra Soh. The End of Gender: Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society (2020, Threshold Editions) pp. 113

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