El problema sobre los empleos
Tras adentrarnos en el largo pero esencial capítulo sobre cómo los niños eligen juguetes según su género, y cómo esto se vincula a nuestras preferencias innatas impulsadas por nuestra biología, es imprescindible abordar el tema de la elección de profesiones.
Los nuevos libros de texto dedican innumerables páginas en todos los grados a instar a los niños a combatir los estereotipos de género. No obstante, en ninguna de estas páginas encontramos una sola mención sobre cómo nuestras inclinaciones y gustos están conectados en nuestra naturaleza y biología. En cambio, encontramos afirmaciones explícitas que niegan que los roles de género sean inherentes a nuestra naturaleza. Estos libros incluso presentan la imagen de un niño sosteniendo un letrero que dice: "Quiero crecer sin estereotipos". El grado de adoctrinamiento y desfachatez en estos libros es sorprendente, y muchos padres ni siquiera se dan cuenta.
Es cierto que los trabajos no tienen género asignado, pero debemos observar la realidad. Existen más hombres trabajando en profesiones como mecánicos, bomberos, ingenieros, albañiles o técnicos, mientras que más mujeres optan por profesiones como maestras, recursos humanos, niñeras o trabajadoras en salones de belleza. Esto no se debe a que los trabajos tengan un género específico ni a que la sociedad nos obliga a elegir trabajos según nuestro sexo. Más bien, nuestras preferencias laborales están influenciadas por nuestra biología y nuestras inclinaciones innatas a ella.
En resumen, las mujeres libremente suelen elegir profesiones que se consideran tradicionalmente femeninas, y lo mismo ocurre con los hombres y las profesiones consideradas masculinas. Por lo tanto, instar a los niños a librar una "guerra" contra los estereotipos en nombre de la "equidad de género" es absurdo, ya que estas preferencias están relacionadas en nuestra biología desde el principio.
No estamos negando el derecho de las mujeres a elegir libremente su profesión, independientemente de si se considera "trabajo para hombres" o "trabajo para mujeres". Sin embargo, es importante reconocer que la elección de una profesión mayoritariamente masculina por parte de una mujer no elimina el estereotipo asociado a ese trabajo. Además, debemos señalar que los estereotipos no son reglas estrictas que obligan a todos a conformarse; son más bien pautas que nos ayudan a comprender las preferencias comunes entre hombres y mujeres, aunque siempre hay excepciones.
Como demostraré en mi próximo libro “Soy niño y pienso como niño. Soy niña y pienso como niña” los estereotipos han sido una parte constante de la historia humana y continuarán siéndolo en el futuro. Por lo tanto, eliminar completamente los estereotipos es una fantasía, ya que forman parte inherente de la experiencia humana. En lugar de eliminarlos, debemos aprender a regularlos y aclarar nuestras percepciones. Aunque los estereotipos pueden influir en la discriminación, eliminarlos por completo no es la solución. En cambio, debemos encontrar formas de convivir con ellos, al igual que lo hacemos con objetos cotidianos que tienen múltiples usos, como los cuchillos, por ejemplo, que se utilizan tanto en la cocina como en situaciones crueles como el asesinato. No por eso vamos a levantar carteles y hacer una manifestación en contra de los cuchillos.
Ahora, te presento una tabla que muestra las lecciones en las que intentan influenciar a los niños en lo que llaman "igualdad de género" (es importante subrayar que no es lo mismo que igualdad ante la ley). Esta tabla te mostrará en qué libros de texto se encuentran estas lecciones y en qué grado escolar se presentan. Se debe destacar que los libros de quinto grado contienen el contenido más explícito, escandaloso y controvertido.
Observemos la siguiente tabla:
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Lecciones sobre la “equidad de género” en los libros de texto según su grado escolar. |
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Primer grado |
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Nuestros saberes: |
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Segundo grado |
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Nuestros saberes: ·
Proyectos escolares: ·
Proyectos comunitarios:
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Tercer grado |
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Nuestros saberes: Desigualdad de género. (174) La desigualdad de género. (175) ·
Proyectos de aula: ·
Proyectos comunitarios:
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Cuarto grado |
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Proyectos de aula: · Proyectos escolares: Las profesiones y los oficios no tienen género. (26-43) Iguales pero diferentes. (120-129) ·
Proyectos comunitarios:
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Quinto grado |
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Múltiples lenguajes: ·
Nuestros saberes: ·
Proyectos escolares: Todos somos lo mismo (262-277) · Proyectos comunitarios: La
niñez unida contra la violencia de género (216-227) |
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Sexto grado |
· Nuestros saberes: Estereotipos de género. (194-195) Roles de género. (196-197) · Proyectos escolares: Mujeres y hombres caminamos codo a codo sin discriminar (216-229) · Proyectos comunitarios: Textos discontinuos para la igualdad (10-19) Violencia de género: un problema
social que nos afecta. (228-241) |
Lo que estamos viendo aquí es sorprendente: un constante adoctrinamiento que
comienza en primer grado y se extiende hasta sexto. Y eso sin siquiera
mencionar los libros de texto de secundaria, así como los libros dirigidos a
los maestros y padres de familia. Dedican un montón de páginas a cuestionar
los roles y estereotipos de género, pero nunca mencionan que estos roles y
estereotipos también están influenciados por la biología y la naturaleza de
hombres y mujeres.
Debo ser claro otra vez, no estoy en contra de que tanto hombres como mujeres tengamos igualdad de derechos y dignidad. Pablo Muñoz Iturrieta doctor en filosofía política y con una maestría en psicología filosófica, nos habla más sobre esta aclaración:
“(…) el afirmar que la igualdad de género es un error no quiere decir que por lo tanto la mujer no tiene derechos. Aquí no se trata de eso. Por el contrario, toda mujer, como ser humano, tiene absolutamente los mismos derechos que el varón y es algo que nuestra civilización occidental ha sostenido desde siempre, por más que el ideal no se haya cumplido siempre. Esa igualdad entre el hombre y la mujer y entre todo ser humano, independientemente de su clase social, cultura, o procedencia, ha sido expresado de modo magnífico en la idea de que “ante Dios somos todos iguales”. De hecho, la idea de igualdad es un principio moral y legal con respecto al trato que se le debe dar a todo ser humano. Sin embargo, no somos todos iguales. El problema que quiero notar aquí, entonces, es que cuando las teorías de ideología de género hablan de “igualdad de género”, en realidad no se están refiriendo a la igualdad en cuanto a los derechos humanos, sino a otra cosa. Esa es la razón por la cual mucha gente se confunde de buena intención.” [1]
La “igualdad de género” que puede tener en mente una persona bien intencionada
es muy diferente a la "igualdad de género" promovida por ciertos
grupos que son mencionados en los libros de texto, como el colectivo LGBT y el
feminismo radical. Su enfoque, bajo el disfraz de una falsa "igualdad",
busca eliminar por completo las diferencias entre lo femenino y lo masculino en
todos los aspectos de la vida. Su objetivo es crear una sociedad neutra en la
que todos seamos seres completamente idénticos, sin nada que nos distinga. Sin
roles, sin estereotipos, sin diferencias, sin etiquetas; todo absolutamente
igual.
A primera vista, esto podría parecer el paraíso y la sociedad perfecta para muchos. Sin embargo, en realidad, es una utopía [2], una sociedad de fantasía que exige una perfección inalcanzable. ¿Por qué? Porque hombres y mujeres somos biológicamente diferentes. Tenemos gustos distintos, ambiciones distintas, preferencias distintas y una tendencia innata a vernos y distinguirnos entre lo femenino y lo masculino debido a estas diferencias biológicas. Por lo tanto, vivir en una sociedad sin diferencias de género como la que se propone es simplemente imposible.
Comprendo si usted llega a pensar que estoy exagerando, pero basta con echar un vistazo a los libros de "proyectos escolares" y "proyectos comunitarios" de quinto grado y explorar las lecciones que he destacado en la tabla [3]. Estos libros invitan explícitamente a los niños a investigar y relacionarse con movimientos progresistas del LGBT. Incluso llegan a utilizar el símbolo del feminismo radical. Esto debería despertar nuestra curiosidad y llevarnos a preguntarnos qué significa realmente está "igualdad de género" promovida por estos grupos.
Uno de los enfoques para lograr esta “igualdad” que tanto se menciona es la destrucción de la familia. ¿Piensan que estoy exagerando? Permítanme compartir una perspectiva sobre esto de Alison Jaggar, una reconocida filósofa feminista estadounidense nacida en Inglaterra.
"El fin de la familia biológica eliminará también la necesidad de represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramatrimoniales ya no se verán de forma liberal como opciones alternativas fuera del alcance de la regulación estatal, en las que el individuo puede optar por participar o no (...) las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas; la propia 'institución de la relación sexual' en la que el hombre y la mujer desempeñan cada uno un papel bien definido desaparecerá. La humanidad podría por fin volver a su sexualidad natural polimorfa y perversa" [4]
Así que, si esa llamada "igualdad de género" implica la destrucción
de la familia para borrar las diferencias entre las relaciones homosexuales y
heterosexuales, y si promueve la idea de que las relaciones extramatrimoniales
son normales, debemos preocuparnos con esta noción de “igualdad” o “equidad” de
género que están impulsando los grupos progresistas feministas y LGBT y como
estos están tratando de involucrar a los niños en México en esta lucha a través
de los nuevos libros de texto. ¿Todavía no se convence? Lea lo que dijo el
historiador gay Jonathan Katz:
“En cierto sentido, la derecha tiene razón. Los fundamentalistas religiosos y los ultraconservadores tienen razón al acusar al movimiento por los derechos de gays y lesbianas de una homogeneización amenazadora. La afirmación política de igualdad de los homosexuales puede ser concebida por los liberales gays y heterosexuales como una estrategia para igualar el estatus civil de heterosexuales y homosexuales. Esa equiparación puede incluso entenderse como la eliminación de la diferencia hetero/homo. Pero sean cuales sean sus objetivos conscientes, si los liberacionistas gays y lesbianas consiguen alguna vez la plena igualdad, acabarán con la necesidad social de la división hetero/homo. El secreto del movimiento por los derechos civiles de gays y lesbianas más moderado y dominante es su promesa (o amenaza, según los valores de cada cual) de transformación radical.” [5]
En un próximo libro aparte hablaremos lo que esconde estos colectivos detrás de
su falso discurso de “igualdad o equidad de género”.
En este capítulo de este libro, vamos a explorar
como los hombres y mujeres tienden a tener preferencias laborales diferentes,
incluso en países que han invertido grandes cantidades de dinero en promover la
"igualdad de género" sin lograrla plenamente. Luego, en mi próximo
libro, vamos a sumergirnos en el funcionamiento de los cerebros masculinos y
femeninos. Descubriremos que nuestras preferencias, comportamientos, gustos,
roles y estereotipos de género no son meras “asignaciones sociales” y que son
el resultado de un componente biológico arraigado en hombres y mujeres.
La paradoja de Noruega
Los nuevos libros de texto de la SEP dedican muchas páginas invitando a los niños a cuestionar y luchar contras los estereotipos y roles de empleo.
“Los estereotipos son perjudiciales, ya que limitan el desarrollo integral de las personas al establecer barreras de acuerdo con lo que se considera propio de las mujeres y propio de los hombres. Se piensa que todas las personas, a causa de sus atributos o características, deben desempeñar actividades específicas o cumplir con ciertas características y no otras. Esto pasa no porque la persona sea incapaz de realizar alguna tarea, sino porque socialmente se considera que no le corresponde por ser hombre o mujer (…) No obstante, las normas son susceptibles de ser modificadas. Por lo tanto, la escuela es un espacio de oportunidades para contribuir a modificar esos estereotipos en favor de la igualdad de género.” [6]
“Los estereotipos de género, por su parte, son prejuicios (ideas sobre algo o alguien antes de conocerlo) a partir de los cuales una comunidad determina los roles de género: “las mujeres sólo deben dedicarse al hogar porque su condición biológica determina su función”. Sin embargo, los derechos reconocen la igualdad de los hombres y las mujeres: por eso hay mujeres y hombres que se dedican a distintas profesiones por igual y ambos se hacen cargo de las actividades del hogar.” [7]
Invita también la “desconstrucción” de la clasificación de los juguetes según el género.
“Como padres y madres presten atención a las elecciones que hacen en relación con los juguetes y juegos para niñas y niños. Esto implica comenzar a desnaturalizar y deconstruir estereotipos y roles de género en la familia. Lo anterior es inherente a la clasificación de los juegos y juguetes de acuerdo con el sexo, lo que crea estereotipos como el del “hombre fuerte” y la “mujer débil”, y esto impide un juego libre donde cada persona desarrolle su potencial con libertad.” [8]
También usan imágenes como las siguientes [9].
Quiero enfatizar nuevamente que no estoy en contra de que hombres y mujeres elijan los trabajos que deseen sin restricciones de normas o estereotipos. Sin embargo, esto no me lleva a decirles a los niños que los roles y estereotipos son simples creaciones de la sociedad, negando por completo que nuestras inclinaciones hacia ciertos trabajos están relacionadas con nuestra biología y naturaleza. Creo que omitir este último aspecto es un error grave, ya que oculta a los niños y niñas el hecho de que su esencia biológica influye en sus preferencias y gustos, y que no se trata solo de normas sociales impuestas.
Hasta el momento, no existe país ni sociedad en el mundo que haya alcanzado la tan buscada "igualdad de género" que los progresistas anhelan. Siempre encontramos que hay trabajos mayoritariamente ocupados por mujeres y otros mayoritariamente ocupados por hombres, incluso cuando se hacen esfuerzos considerables para alentar a las mujeres a optar por trabajos tradicionalmente masculinos y viceversa.
Un ejemplo destacado es Noruega, considerado actualmente el tercer país con mayor igualdad de género. A pesar de que el gobierno invierte grandes sumas de dinero en promover la igualdad de género en el ámbito laboral y se trabaja en el adoctrinamiento de los niños para lograrlo, el resultado es el mismo: seguimos viendo los mismos patrones de empleos mayoritariamente ocupados por mujeres y otros mayoritariamente ocupados por hombres. En resumen, no importa cuánto se esfuercen, las cosas permanecen igual.
Esto es lo que llamamos la "paradoja de Noruega", y es un enigma interesante. Está basado en el estupendo documental "Lavado de Cerebro-La Paradoja de la Igualdad en Noruega” del comediante y sociólogo noruego Harald Meldal Eia. [10] A pesar de todos los esfuerzos para cambiar la cultura, fomentar que los hombres elijan trabajos tradicionalmente para mujeres y viceversa, derribar estereotipos y promover la igualdad de género, todo sigue igual.
La paradoja se resume así: "Si los roles y estereotipos son supuestamente impuestos por la sociedad y, al crear una sociedad igualitaria sin imponer trabajos basados en el género, seguimos viendo a las mujeres eligiendo trabajos tradicionalmente femeninos y a los hombres eligiendo trabajos tradicionalmente masculinos, ¿entonces qué está sucediendo?".
Esta pregunta nos lleva a reflexionar sobre si la cultura noruega realmente es la responsable de estos roles y estereotipos, o si hay algo más en juego.
Según
Harald Meldal Eia, Noruega fue considerado como el país con mayor igualdad de
género en 2008. Harald tomó una decisión interesante. Quería ver de primera
mano cómo iba la igualdad de género en los trabajos en Noruega, así que decidió
visitar a los ingenieros. La ingeniería es un trabajo que normalmente es
considerado un trabajo masculino. Cuando Harald llegó a la cafetería de los
ingenieros, se llevó una gran sorpresa: la mayoría de los trabajadores son
hombres. Esto planteó una pregunta intrigante: ¿No debería haber casi la misma
cantidad de hombres y mujeres trabajando en ingeniería en un país como Noruega,
donde se supone que la cultura no impone estereotipos de género en los empleos
y promueve la igualdad? Ahora, lo invito a leer la conversación que Harald tuvo
con uno de los ingenieros.
Harald comenta que las respuestas del ingeniero eran un poco anticuadas, así que decidió hacer otra investigación. Esta vez, visitó un hospital para ver a las enfermeras. Sabía que la enfermería es un trabajo que generalmente se asocia con las mujeres. La pregunta era: ¿Había tantas enfermeras como enfermeros ejerciendo esta profesión? La respuesta que encontró sorprendió a Harald una vez más.
Lo invito a leer el diálogo de Harald con las enfermeras.
Harald sorprendido hace el siguiente comentario, “Los hombres y las mujeres del país con más igualdad del mundo aún trabajan en cosas distintas. El informe oficial "Género y sueldos" establece que casi el 90% de empleados de enfermería en Noruega son aún mujeres, mientras que solo alrededor de un 10% de ingenieros lo son. Esto es así desde los años 80.” [11] ¿Qué explicaciones existe para este fenómeno? Harald visitó a Kristi Mile, una defensora de la igualdad de género en Noruega, ella admite "obtienes un efecto durante uno o dos años, pero después vuelve a caer de nuevo." [12]
Harald les pregunta a las mujeres enfermeras por qué prefieren la profesión de enfermería en lugar de ser programadores o ingenieros, una de ellas responde, "parece aburrido." ante tal respuesta Haradl pregunta "Pero, trabajar con partes de un ordenador y programar sistemas, ¿no es también un desafío interesante?". La enfermera responde, "Si, pero no tanto como encontrar personas cada día y hablar con ellas."
Harald continuó su búsqueda de respuestas y se reunió con Camila Shereiner, una investigadora del Centro de Ciencias de la Universidad de Oslo. Camila compartió hallazgos interesantes sobre la elección de trabajos en distintos países. Ella explicó que, en países con mayores desigualdades de género, las mujeres tienden a optar por trabajos técnicos en números similares a los hombres. Sin embargo, en naciones más igualitarias como Noruega, la proporción disminuye, y las mujeres muestran una preferencia por trabajos tradicionalmente asociados al género femenino. Harald reflexionó sobre esto y señaló: "Cuanto más avanzado es un país, menos interés muestran las mujeres por las profesiones técnicas".” [13] más tarde explicaremos también por qué se debe este fenómeno.
Harald siguió en su búsqueda de respuestas, decidió consultar a Cathrine Engelana, supuesta "experta en género". Harald, valientemente, compartió sus dudas acerca de si las diferencias en la elección de trabajos entre hombres y mujeres podrían tener un componente biológico, además de factores culturales. Sin embargo, Cathrine, fiel a su título de "defensora de lo políticamente correcto", desestimó esta idea sin ofrecer una pizca de evidencia en contrario.
Pero la historia no termina ahí. Harald también se encontró con Jorge Lorentzen, otro "gurú del género". Le explicó a Jorge cómo las diferencias cerebrales podrían influir en las preferencias laborales de hombres y mujeres. Sin embargo, Jorge se dedicó a rechazar esta idea, calificando las investigaciones que la respaldan como "anticuadas". Con una desenvoltura propia de un ilusionista de feria, Jorge afirmó que había "otros estudios" que demostraban lo contrario. Según él, más allá de nuestro aspecto físico, no había nada en nuestro cuerpo que pudiera influir en nuestras elecciones laborales. Uno podría pensar que estos "expertos" son como vendedores que quieren vernos la cara de tontos, pero la realidad es que estas personas están convencidas que las tonterías que dicen es la verdad.
Es asombroso cómo estos defensores de la ideología de género, como Cathrine y Jorge, pueden ofrecer explicaciones tan infantiles y poco convincentes. No sería sorprendente si, en este preciso momento, otro de estos "expertos" está inventando una teoría extravagante para explicar la Paradoja de Noruega sin poner en juego su querida ideología de género.
Es realmente sorprendente lo que ocurre en Noruega, el país que presumía ser el campeón de la igualdad de género. En este documental, se puede ver a un niño eligiendo sus juguetes tradicionalmente masculinos, sin el menor interés por las muñecas. ¿Cómo es posible que esto suceda en un lugar donde se supone que la igualdad de género está arraigada en su cultura? Lo curioso es que los medios de desinformación progresista no te mostrarán estos casos, pero sí harán un gran show si un niño elige una muñeca en una tienda de juguetes. Parece que le dan más importancia a los casos excepcionales y minoritarios, mientras ignoran que la inmensa mayoría de niños siguen eligiendo jugar con carritos, incluso en el país que se jacta de ser el más igualitario del mundo.
Como persona pensante, seguramente ya te has dado cuenta de por qué los medios progresistas no hacen noticias de este tipo de situaciones. Es evidente que la cultura no es la única influencia en las preferencias de hombres y mujeres, y que la biología desempeña un papel importante en ello. Pero, shh, no dejes que esto salga a la luz, ¡no vaya a ser que alguien se dé cuenta de que la realidad es un poco más compleja de lo que nos quieren hacer creer!
Harald cruzó el Atlántico y fue a los Estados Unidos para hablar con el profesor y psicólogo Richard Lippa sobre lo que estaba pasando en Noruega con la elección de empleos. El profesor Lippa compartió una investigación increíble: encuestó a 200,000 personas de 53 países diferentes, desde Arabia Saudita hasta Pakistán, pasando por India, Singapur, Malasia y muchos más. Y, sorprendentemente, llegó al mismo resultado en todos ellos: hombres y mujeres tienden a preferir trabajos diferentes.[14] Los hombres preferían trabajos relacionados con la mecánica y la ingeniería, mientras que las mujeres prefieren trabajos donde involucra atender a las personas como la enfermería. Cuando se le preguntó al profesor Lippa si este esquema podía deberse a imposiciones culturales, el profesor Lippa respondió:
“Es posible que haya un grado de verdad en esa afirmación. Pero cabría esperar que algo fuese distinto entre todos estos países si la cultura tuviera una influencia importante en estos temas. Sin embargo, el resultado del estudio fue idéntico en los 53 países. Es igual en Noruega que en Arabia Saudita, Pakistán, India, Singapur o Malasia. Existe una gran diferencia entre hombres y mujeres que se refleja consistentemente en las 53 naciones”. [15]
Poco después, Harald decidió visitar a Trond Diseth, un psiquiatra infantil noruego que trabaja con niños hermafroditas, es decir, niños que nacen con órganos genitales ambiguos. La determinación del sexo en estos casos puede ser complicada, pero el psiquiatra Trond Diseth ideó una manera ingeniosa de aproximarse a la identificación de sexo de estos niños.
Coloca en el suelo 10 juguetes: cuatro que suelen considerarse para niños, otros cuatro que generalmente se asocian con las niñas, y dos juguetes neutros. Luego, coloca a los bebés en el centro y les permite elegir el juguete que más les llama la atención. Lo sorprendente es que, los niños eligen los juguetes típicamente considerados para niños, y las niñas eligen los juguetes que suelen asociarse con las niñas. Esto lo discutimos en el capítulo anterior sobre la elección de juguetes, y es un punto que también mencionó Alicia Rubios.
¿Estos niños han sido influenciados por la cultura al momento de elegir sus juguetes? Trond Diseth responde que “Los niños nacen con una clara disposición biológica de género y comportamiento sexual. Después será el entorno, la cultura, los valores y las expectativas que nos rodean, los que se encargarán de favorecer o de atenuar esto.” [16] Harald pregunta si la sociedad puede forzar el género de los niños, aunque sea un poco, Diseth responde “Si, pero no de manera tan decisiva que pueda modificar la identidad inherente y la predisposición del género.” Harald le comparte al psiquiatra Trond, el dialogo que tuvo con Jorge Lorentzen, el pseudo experto en género que dijo que los estudios que indican que las diferencias cerebrales podrían influir en las preferencias laborales de hombres y mujeres son estudios anticuados. Diseth después de escuchar esto comenta:
“Lo escuché, y me opongo rotundamente a esta afirmación. Porque tengo un montón de estudios y publicaciones recientes, incluso de este año, pero también del 2008, 2007 y 2006 que presentan conclusiones claramente distintas. Así que no se trata de estudios anticuados. Es más, están entre la vanguardia de la investigación actual.” [17]
Harald toma la decisión de visitar al profesor y psicólogo inglés Simon Baron-Cohen en la Universidad de Cambridge, en el Trinity College. La razón detrás de esta visita es que Harald ha descubierto que el profesor ha realizado investigaciones reveladoras sobre las diferencias innatas entre niños y niñas. Estas diferencias se han evidenciado a través de experimentos cruciales realizados en bebés que apenas tenían un día de nacidos. Según las palabras del propio Simon Baron-Cohen:
“Investigamos con bebés de un día de edad. Le poníamos a la vista, o bien un objeto mecánico o una cara y grabamos cuánto tiempo pasaban los niños observando cada uno de estos objetos. Descubrimos que eran mas niños que miraban el objeto mecánico, y más niñas pasaban más tiempo observando el rostro. Incluso desde el primer día de vida. Y esto sucedió antes que el bebé conociera los juguetes. Antes de haber sido expuesto a las diversas influencias culturales o prejuicios (…) Hoy sabemos que hombres y mujeres producen cantidades diferentes de hormonas. Pero en particular la testosterona. Los hombres producen dos veces más testosterona que las mujeres. Y esta hormona (la testosterona), influye en la manera que se desarrolla el cerebro. (…) Medimos los niveles de testosterona aun cuando el bebé estaba en el vientre maternos y le dimos seguimiento desde su nacimiento, observando su comportamiento. Encontramos que cuanto más alto era el nivel de testosterona en el niño antes del nacimiento, más lento era su desarrollo de lenguaje en la primera infancia, y menos contacto visual establecía, hasta la edad de uno o dos años. Así pues, un alto nivel de testosterona está asociado a un desarrollo social y de lenguaje más lento.” [18]
Esto confirma lo que hemos mencionado antes: los niveles de testosterona a los que está expuesto un niño durante el embarazo pueden influir en su comportamiento y, por ende, en su género. Simon Baron-Cohen también sostiene que cuando una niña en gestación se expone a niveles elevados de testosterona, es completamente normal que esta niña prefiera jugar con juguetes considerados masculinos, tenga interés en actividades físicas como el fútbol y muestre rasgos de personalidad típicos de lo que solemos llamar "una niña ruda". Simon Baron-Cohen sigue comentando:
“Dimos seguimiento a estos niños hasta los 8 años, interesados en observar su evolución. Descubrimos que, al crecer, aquellos que poseían más altos niveles de testosterona tenían más dificultades con la empatía; con reconocer las emociones de otras personas o apreciar sus puntos de vista. Pero también se mostraban mucho más interesados en "sistemas". En entender cómo funcionan las cosas. De manera que, aun ignorando las grabaciones en video, y solo midiendo su nivel hormonal, puedes predecir su patrón de intereses.” [19]
Harald realiza su siguiente visita a Anne Campbell, una académica y autora británica experta en psicología evolutiva. Anne Campbell defiende la idea de que las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres son esenciales para la supervivencia de la humanidad. Si bien profundizaré más en este tema en un libro aparte, llamado “Soy niño y pienso como niño. Soy niña y pienso como niña”, quiero ofrecer una breve introducción ahora.
Campbell argumenta que los comportamientos típicos de hombres y mujeres son necesarios para la supervivencia de la especie humana. Las mujeres, al ser más precavidas, tienden a evitar situaciones peligrosas y se dedican a cuidar de sus hijos. Por otro lado, los hombres muestran una inclinación a exponerse al peligro para proteger a la comunidad, aprovechando su fuerza física en enfrentamientos directos. Independientemente de sus creencias personales, pido permiso a los escépticos para dirigirme a los lectores creyentes. Muchos de ustedes pueden ver en esto un diseño asombroso de Dios, quien, en su sabiduría, creó al hombre y a la mujer de manera diferente pero complementaria para el bienestar de la supervivencia humana.
Si desde antes del nacimiento, hombres y mujeres están programados para desempeñar roles que benefician la supervivencia de la especie humana, esto podría ayudar a entender por qué las mujeres tienden a elegir trabajos que no implican riesgos y que se centran en cuidar y ayudar a otros, mientras que los hombres se sienten más atraídos por empleos que requieren fuerza física y enfrentar desafíos.
Anne Campbell sostiene que:
“Es por eso que las mujeres eligen la enfermería, la medicina, trabajo social, la enseñanza. Todas esas áreas donde existe el intercambio cooperativo. Donde las mujeres parecen sentirse más a gusto. Por supuesto que hay superposiciones entre sexos. Algunas son enormes. Hay mujeres fabulosas en ingeniería, física o química, etcétera. Pero en esencia, diría que son preferencias típicamente masculinas y menos femenino (…) Hoy sabemos que las diferencias de género en algunas áreas son muy importantes. Entonces me resulta difícil creer que esas sutiles diferencias en el tono de vos que utilizamos, o la forma de contacto visual y cosas como esas, puedan llegar a ejercer una gran influencia sobre los intereses, actividades o preferencias que muestran esos niños.” [20]
Ahora, es el momento de abordar una pregunta crucial que hemos dejado pendiente: ¿Por qué las mujeres en países con menos igualdad tienden a elegir trabajos tradicionalmente masculinos? El documental ofrece esta respuesta:
“En países con igualdad de género como Noruega, eres realmente libre de seguir tus inclinaciones. En un país pobre, solo esperas conseguir un trabajo ¡solo deseas eso! Y si es la informática lo que te ofrece el trabajo (en la India, por ejemplo) irás a por ello, aunque seas una mujer. Pero creo que, en países igualitarios, como Estados Unidos o en Europa, la gente se cree más libre para solo perseguir y hacer lo que realmente le interesa. Yo opino que al final, hombres y mujeres se interesan por cosas distintas.” [21]
Harald regresó triunfante a Noruega y decidió visitar nuevamente a la autoproclamada experta en género, Cathrine Engelana. Le contó sobre todas sus investigaciones y lo que los expertos le habían dicho. ¡Fue un espectáculo digno de una comedia de situación! Cathrine Engelana se quedó sin argumentos en un show más absurdo que un astronauta jugando al golf en la Luna. Tartamudeó, se quedó callada varias veces y, en lugar de admitir que tal vez necesitaba investigar más a fondo, prefirió negar las conclusiones de los expertos y hacer el ridículo de una manera épica.
En serio, fue tan divertido que podría haber rivalizado con los mejores momentos de Plutarco de una familia de 10. Hizo comentarios tan ridículos que preferiría que ustedes vieran el video para no arruinarles la sorpresa. Les confieso que, aunque generalmente no sufro de vergüenza ajena, esta vez me sentí incómodo viendo esa parte. Pero debía hacerlo para documentarlo en este libro y asegurarme de que ustedes también puedan disfrutar de este espectáculo cómico.
¡Harald sigue desafiando a los expertos en género como todo un campeón de comedia! Esta vez, decidió hacer una segunda visita al otro autodenominado "experto" en género, Jorge Lorentzen. Harald, en su mejor papel de presentador de reality show, le mostró a Jorge un video con los comentarios de los verdaderos expertos que habían desmontado su afirmación de que los niños y niñas son diferentes debido a su biología y naturaleza, algo que él consideraba "anticuado". ¿Y qué creen que hizo Jorge? Bueno, no llegó al nivel de ridículo de Cathrine Engelana, pero, aun así, su actuación es digna de una buena carcajada.
Jorge se presentó como el “intelectual” que todo lo sabe y lanzó la pregunta patética de por qué estos expertos estaban tan obsesionados con probar que los roles de género podrían estar relacionados con la biología de las personas. Y para colmo, afirmó con toda la seriedad del mundo que hasta el momento la ciencia no ha demostrado nada en contra de su hipótesis. ¡El colmo del cinismo! Cuando Harald le preguntó en qué se basaba para afirmar que la biología no tenía nada que ver con los roles de género, este "experto" de pacotilla respondió que era su hipótesis porque la ciencia aún no había demostrado lo contrario. Y para rematar, tuvo el descaro de calificar las investigaciones de Richard Lippa, Trond Diseth, Simon Baron-Cohen y Anne Campbell como "mediocres".
En serio, necesitan ver este episodio para reírse a carcajadas, porque Jorge hizo el ridículo tratando de ser el intelectual de la película. Simon Baron-Cohen, un auténtico experto en psicología, cerró el documental con un comentario que todos esos "expertos" en género, feministas y los militantes del movimiento LGBT deberían tomar en serio. Baron-Cohen dijo “Es una postura equilibrada el decir que se trata de una mezcla entre biología y cultura. No estoy diciendo que todo sea biológico. Simplemente digo: no olviden la biología.” [22]
El documental de Harald se transmitió en la televisión de Noruega, y millones de noruegos pudieron finalmente abrir los ojos y comprender la paradoja de cómo un país que presume de tener la mayor igualdad de género todavía ve a hombres y mujeres eligiendo trabajos diferentes. Ahora, ¿cómo terminó esta historia? Poco después de la emisión de este documental, el Nordic Gender Institute, esta institución que se dedicaba al estudio de género desde la misma perspectiva de la SEP, fue clausurado. Fue como un giro sorprendente en la trama de esta historia.
Daniel López Rosetti acertadamente señala:
“En términos generales, a nosotros desde chicos nos interesan los objetos y las cosas, y a Ellas, las personas. De la simple observación de las diferencias de los juegos de niños se infieren las diferencias de conductas psicológicas en los adultos, que en términos generales nos caracterizan a nosotros y a Ellas. En nosotros predomina la conducta competitiva y Ellas priorizan la comunicación y la cooperación.” [23]
Alicia Rubios comenta sobre la paradoja de Noruega. Ella dice:
“Es curioso cómo en Noruega, donde la
educación en la igualdad se ha llevado a cabo con verdadero ahínco y se ha
invertido mucho dinero público en conseguir las mismas ratios de participación
de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida, en el momento en que se
baja el listón de la intensidad educativa igualitaria, varones y hembras
diferencian sus gustos, aficiones e intereses. Tras conseguir que haya un
cierto número de mujeres en empleos tradicionalmente masculinos y viceversa, en
pocos años las ratios volvían a los valores tradicionales siendo mayoritaria la
presencia femenina en actividades de relación social, cuidado de enfermos e
infancia y la presencia masculina en actividades
como la construcción, cuerpos armados, motor... Es lo que ha dado en
llamarse “la paradoja noruega de la igualdad de género” según la cual, por más
que se incentive la igualdad de hombres y mujeres en los distintos campos,
estos se mantienen con una ratio del 90% a favor de los hombres en trabajos
“masculinos” y la misma proporción de mujeres en trabajos “femeninos”, sin que
estas proporciones se alteren sustancialmente salvo en los momentos de mayor
presión sobre los ciudadanos a base de campañas e inversión de dinero público.”
[24]
Roxana Kreimer es Licenciada en filosofía y doctora en ciencias Sociales por la universidad de buenos Aires. Ella comenta:
“La hipótesis de los investigadores es que en los países con menos igualdad de género también hay economías más precarias, razón por la cual las mujeres eligen profesiones más redituables, pero que no elegirían de estar mejor pagas las ocupaciones que prefieren o en un contexto económico en el que puedan prescindir de esos trabajos. Por eso fue llamada “la paradoja de la igualdad”, ya que va en dirección contraria a las predicciones del feminismo, para el que, a mayor igualdad de género, más se equipararía el número de mujeres con el de hombres en todos los oficios y profesiones. Acá ocurre lo contrario, cuando la economía se los permite, en promedio se dedican a lo que más les gusta: trabajos centrados en personas, en lo social, en lo vivo y en el cuidado o la salud.” [25]
Richard Lippa comenta:
"Las diferencias de género en la personalidad tienden a ser mayores en sociedades igualitarias en cuanto a género que en sociedades desiguales en cuanto a género, un hallazgo que contradice la teoría de roles sociales, pero es coherente con las teorías evolutivas, atribucionales y de comparación social. En contraste, las diferencias de género en los intereses parecen ser consistentes en todas las culturas y a lo largo del tiempo, un hallazgo que sugiere posibles influencias biológicas." [26]
Si la encuesta realizada por Richard Lippa con 200,000 personas de 53 países no
te ha convencido de que hay algo más que la cultura influyendo en las
elecciones laborales de hombres y mujeres, espera a escuchar sobre la
investigacion elaborada por el profesor de psicología Gijsbert Stoet y el
psicólogo evolutivo David C. Geary utilizando el Programa de Evaluación
Internacional de Estudiantes (PISA) de 2018. ¡En esta ocasión encuestaron a
473,260 adolescentes de 80 países diferentes! La cantidad de participantes es
tan grande que los resultados de esta encuesta son indiscutibles. A los jóvenes
se les preguntó qué carrera aspiraban tener a la edad de 30 años. Gijsbert
Stoet y David C. Geary comentaron lo siguiente:
“En cada país y región, más chicos que chicas aspiraban a ocupaciones orientadas a las cosas o STEM, y más chicas que chicos aspiraban a ocupaciones orientadas a las personas. Estas diferencias de género fueron más pronunciadas en países con un mayor nivel de empoderamiento de las mujeres.” [27]
Este resultado demanda explicar este fenómeno tomando en consideración otro factor más que solo la cultura, Gijsbert Stoet y David C. Geary sostienen que “aparte de las influencias socioeconómicas obvias, existe una contribución biológica a estos intereses ocupacionales.” [28] Pero eso no es todo, estos expertos también tienen algo importante que decir sobre la idea de animar a las niñas a considerar trabajos que a menudo se asocian con hombres. Sus comentarios son los siguientes:
“(…) aunque sugerimos que es probable que los factores biológicos contribuyan a las fuertes diferencias de sexo en las aspiraciones profesionales, esto no significa que la magnitud de las diferencias de sexo observadas actualmente sea inevitable. Si es correcto, significa que estas diferencias entre sexos son más difíciles de contrarrestar que si las causas fueran de naturaleza puramente social (como se suele suponer. Aunque la suposición de que las causas son de naturaleza social parece más fácil de comunicar y digerir en la sociedad moderna, esta suposición puede conducir a un enfoque más débil a la hora de abordar la segregación por sexos que el que se requeriría si la biología desempeñara un papel. Por ejemplo, si existen influencias biológicas sustanciales sobre el interés en ocupaciones manuales orientadas a cosas, entonces las intervenciones para alentar a las niñas a ingresar en estas ocupaciones podrían no ser rentables.” [29]
Esto nos muestra que la idea de establecer un “Ministerio de la igualdad” o un programa financiado por fondos públicos con el propósito de lograr una sociedad donde los trabajos se dividan equitativamente entre hombres y mujeres está condenada al fracaso. Incluso en una sociedad donde se promueva la libertad de elección sin miedo a la discriminación, hombres y mujeres seguirán optando por diferentes tipos de empleos. Por eso, hago un llamado a los pueblos de Latinoamérica para que no permita que un grupo de progresistas intente crear un ministerio de igualdad financiado con dinero de los impuestos en busca de una igualdad ilusoria y utópica. Si alguien propone algo similar, deben protestar y exigir que esos recursos se destinen mejor a la creación de empleos y nuevas oportunidades laborales.
Pablo Muñoz Iturrieta nos presenta un ejemplo del absurdo que son estas leyes:
“Supongamos que las Fuerzas Armadas de Canadá, las cuales lamentablemente han sido infiltradas por la ideología de género y de diversidad e inclusión, se propusieran reclutar a más mujeres, indígenas y miembros de minorías (…) Entonces, para lograr la igualdad de género, el Estado dicta que en sus reglamentos se deba dividir entre cien hombres y cien mujeres. Ahora bien, como podemos fragmentar la población en razas y debemos lograr la igualdad, de esos cien hombres el límite para los blancos es de un máximo de treinta, quince negros, veinte indígenas, quince asiáticos y el resto para algún “otro grupo” no categorizado en alguna de estas razas. Lo mismo para las mujeres. Resulta que los grupos LGBT también querían representación. Así que, de esos doscientos, las Fuerzas Armadas deben asegurarse de también tener un número representativo de cinco transexuales hombres, cinco transexuales mujeres, cinco lesbianas, cinco gais, diez bisexuales, cinco sin género alguno identificado y cinco dudosos. El problema es que cuando llegaron las inscripciones de reclutas, la mayoría eran hombres blancos y bien hombrecitos y algunas pocas mujeres, todas blancas. Y ni hablar de los LGBT… ninguno. Por alguna razón, cuando se trata de defender la patria, todos los activistas salen corriendo. Esto les ha generado un gran problema a las Fuerzas Armadas, ya que tenían demasiados varones, pocas mujeres (actualmente solo el 14% de los soldados son mujeres) y ni hablar de otras denominaciones… Por lo que no solo no se logró igualdad de género, sino que, como hay una ley de por medio gracias a la intervención estatal, no pueden recibir a más de lo establecido. Así que de los más de cien varones blancos que se inscribieron, a setenta los mandaron de vuelta, porque solo pueden inscribir a treinta. Y los setenta lugares disponibles, bueno… quedaron vacíos. ¿Suena ilógico? ¡Bienvenidos al mundo de la igualdad de género!” [30]
Es importante aclarar que no estoy negando la existencia de presiones sociales
que llevan a algunos niños a evitar profesiones tradicionalmente asociadas a
las mujeres, como la enfermería, por temor a ser juzgados. Este es un problema
real que debe ser abordado. Sin embargo, incluso en una sociedad completamente
libre, donde hombres y mujeres eligen sus trabajos sin ninguna discriminación,
la mayoría de los hombres tiende a optar por empleos considerados masculinos,
mientras que la mayoría de las mujeres elige trabajos considerados femeninos.
Por lo tanto, no podemos atribuir la explicación de este fenómeno únicamente a
la cultura; debemos considerar también la influencia de la biología para
comprenderlo. La creencia de que los roles de género son el resultado de una
combinación de factores biológicos y culturales es una posición equilibrada.
Los seres humanos somos criaturas que, en última instancia, construyen la
sociedad según nuestra naturaleza y valores sociales.
Como bien dice el politólogo Agustín Laje:
“Así, la sexualidad en el ser humano ha de entenderse como un complejo entrecruzamiento de naturaleza y cultura; ni naturaleza con prescindencia de cultura (porque la sexualidad sería puro instinto, desprovisto de particularidad y función social), ni cultura con prescindencia de naturaleza (porque se haría inaprehensible la universalidad del sexo, sus reglas y su función natural). Pero en la dialéctica cultura-naturaleza, las formas culturales que triunfan son aquellas que van de la mano con las condiciones y límites que la naturaleza establece.” [31]
Estoy de acuerdo que los niños deberían tener la libertad de elegir cualquier trabajo que deseen. Sin embargo, me preocupa que algunos de los nuevos libros de texto estén promoviendo la idea de luchar contra los estereotipos de género de una manera que niega completamente la influencia de la biología y la naturaleza en la formación de los roles de género. Esto plantea inquietudes sobre lo que realmente se está enseñando en términos de "igualdad de género". Un dato que debería hacernos reflexionar es por qué, en las sociedades más igualitarias, todavía vemos que la mayoría de los hombres elige trabajos tradicionalmente masculinos y la mayoría de las mujeres elige trabajos tradicionalmente femeninos. Estos resultados deberían ser un recordatorio de que los roles de género no son exclusivamente una construcción cultural, sino que también tienen raíces en la biología y la naturaleza humana.
Bob Murray,es un experto reconocido internacionalmente en estrategia, liderazgo, influencia, motivación humana y cambio de comportamiento, comenta sobre esto:
“Personalmente, como científico que trabaja en este campo, los resultados no me parecen sorprendentes. Los machos y las hembras de todas las especies de mamíferos son diferentes físicas, genética y neurobiológicamente. Durante millones de años, los humanos y sus antepasados desempeñaron funciones genéticamente programadas en las sociedades de cazadores-recolectores.
Esto no significa que todos los cazadores fueran machos (en mi propia observación de las bandas H-G no lo son) ni que todos los recolectores fueran hembras. Pero la mayoría de los cazadores eran hombres y las recolectoras mujeres. La mayoría de los fabricantes de herramientas eran hombres, lo que concuerda con las conclusiones de este estudio, según las cuales los hombres tienden más a dedicarse a una ocupación "orientada a las cosas".
El problema no es que haya menos mujeres que se dediquen a determinadas profesiones, sino que las que se dedican a ellas están desigualmente remuneradas o reconocidas.” [32]
David C. Geary, el sicólogo evolutivo que hemos citado, ofrece una observación muy acertada que todos debemos tener en cuenta.
"Las diferencias de sexo en las elecciones y resultados profesionales a menudo se atribuyen a factores sociales, como los estereotipos y los prejuicios (...) Nuestro estudio muestra que muchas de estas diferencias son universales y mayores en sociedades igualitarias, lo que sugiere que existen influencias biológicas en las preferencias ocupacionales de las personas". [33]
Debra Soh es una neurocientífica, sexóloga y columnista canadiense. Ya la hemos citado anteriormente, la volvemos a citar con respecto a este tema:
"Las culturas con mayor equidad de género presentan mayores diferencias de sexo en las preferencias ocupacionales porque en estas sociedades las personas son libres de elegir su trabajo en función de lo que les gusta, en contraposición a lo que simplemente tienen a su disposición. Esta tendencia también se manifiesta en las diferencias de personalidad. En los países con mayor equidad de género, las mujeres siguen siendo más altas, de media, en oficios como el neuroticismo y la agradabilidad. (Como ya se ha dicho, el neuroticismo se refiere a la inclinación hacia el estado de ánimo negativo). Los hombres, en cambio, tienden a ser más altos, de media, en rasgos como el narcisismo y la capacidad psíquica. A medida que siga mejorando la equidad de género en las sociedades en desarrollo, deberíamos esperar ver cómo aumentan estas diferencias entre hombres y mujeres." [34]
Esteban Johnson, editor asociado de Big Think comenta lo siguiente:
“De hecho, los factores sociales pueden desempeñar un papel a la hora de determinar qué trabajos les interesan a los hombres y mujeres jóvenes, como señalaron los investigadores, pero la biología parece ser una fuerza considerable que impulsa estos resultados. Desde una perspectiva política, eso significa que las intervenciones diseñadas para atraer a más mujeres a campos como STEM podrían necesitar reconfigurarse para tener en cuenta factores biológicos.
Pero los investigadores sugirieron que, en primer lugar, vale la pena considerar si dichas intervenciones son apropiadas. Después de todo, si queremos una mayor riqueza nacional e igualdad de género, y estas dos cosas parecen empujar a la gente hacia trabajos típicos de su sexo, ¿por qué no dejar que las cosas caigan donde corresponda? El alcance de esa pregunta era "demasiado amplio para discutirlo" en el estudio reciente, pero los investigadores observaron que lo que podría ser bueno para las organizaciones y las empresas no siempre es lo mismo que lo que es bueno para los individuos.” [35]
La paradoja de la igualdad no es exclusiva de Noruega, sino que también se observa en otros países nórdicos como Finlandia y Suecia. [36] Es curioso que en las sociedades donde se promueve más la libertad para que hombres y mujeres elijan los trabajos que deseen, los estereotipos de género en las elecciones laborales se vuelvan aún más evidentes. Parece que, en lugar de lograr una igualdad total, se produce un fenómeno contrario: las personas tienden a optar por profesiones tradicionalmente asociadas a su género. Es un enigma interesante que merece nuestra atención.
Si pensamos un poco en todo lo que hemos visto en este capítulo, nos damos cuenta de que la elección de empleos está influenciada tanto por aspectos culturales como biológicos. Esto plantea un tremendo problema respecto a las famosas "cuotas de género"[37] en el trabajo. Por un lado, estas cuotas deben ser consideradas como una forma de discriminación positiva, ya que se contrata a una persona por su sexo (si es hombre o mujer) y no por sus habilidades y conocimientos. Por otro lado, también pueden llevar a la discriminación negativa, cuando una persona no es contratada debido a que se ha alcanzado el límite de cuotas para su género, incluso si es altamente competente para el trabajo. Es decir, cuando una persona no es contratada por el simple hecho de ser hombre o mujer.
La injusticia se presenta cuando alguien es rechazado para un trabajo que podría realizar perfectamente solo porque su sexo no cumple con una cuota establecida. En una sociedad verdaderamente igualitaria y justa, estas cuotas deberían desaparecer por completo. Hombres y mujeres deberían tener la libertad de elegir y perseguir sus metas laborales sin presiones externas o metas políticas. Si existe un factor biológico que influye en las preferencias laborales de hombres y mujeres, entonces la cultura debe ajustarse a esas elecciones libres. Esto significa que no importa si un trabajo tiene predominantemente hombres o mujeres, siempre y cuando esas elecciones sean el resultado de decisiones personales en una sociedad libre, todo estará bien.
Es lamentable que algunos gobiernos y movimientos progresistas se centren más en alcanzar una cierta cantidad de mujeres en determinados puestos en lugar de permitir que las mujeres lleguen a esos puestos por elección propia. Aunque afirman luchar contra la discriminación, en realidad promueven la discriminación a través de las cuotas de género. Pretenden lograr una sociedad utópica donde hombres y mujeres ocupen los mismos trabajos en la misma proporción, pero como hemos visto, esto es poco realista debido a la influencia de la biología en nuestras elecciones laborales.
Hablemos de Simone de Beauvoir (1908-1986), una filósofa feminista y defensora de pedófilos (detallaremos esto en el segundo volumen). Esta autora, que curiosamente se menciona en un libro de quinto grado, entendía que, en una sociedad verdaderamente libre, muchas mujeres podrían elegir ser amas de casa de manera completamente voluntaria. Simone de Beauvoir dice que “No se debería permitir a ninguna mujer que se quedara en casa para criar a sus hijos. La sociedad tendría que ser completamente distinta. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existe tal opción, demasiadas mujeres la van a tomar.” [38]
¿Qué tiene de malo que las mujeres vivan en una sociedad libre donde puedan elegir ser amas de casa si así lo desean? Incluso si la mayoría de las mujeres optan libremente por esta elección, ¿qué tiene de malo en eso? ¿No se supone que Simone de Beauvoir está abogando por la libertad de las mujeres en contra de la opresión patriarcal? Pero, querido lector, permítame decirle que esta autora feminista parece estar a favor que utilicen a las mujeres para promover una ideología política, sin preocuparse necesariamente por los derechos fundamentales de las mujeres, como su libertad. Con esto en mente, debería cuestionar la inclusión de esta nefasta mujer en el libro “Proyecto comunitarios” de quinto grado.
Pero, retomando el tema de las cuotas de género, especialmente en uno de los países más igualitarios del mundo, Noruega, ¿realmente ha logrado que tantos hombres como mujeres ejerzan los mismos trabajos? La respuesta es un rotundo no. Si bien no puedo negar que algunas mujeres se hayan beneficiado de estas cuotas de género, tampoco es ético hacerlo a expensas de la libertad de otras personas, como en el caso de las empresas y las personas que no son contratadas simplemente porque no cumplen con el sexo que la empresa busca para cumplir con una cuota.
Kathy Kyl Máster y licenciada en investigación social aplicada/estadística por la Universidad Estatal de San Diego, informa que “países como Noruega, Bélgica, Francia, Italia, Alemania, España, Países Bajos y Gran Bretaña implementaron cuotas para aumentar la participación de las mujeres en las juntas directivas. Las empresas que no cumplieron fueron multadas, prohibidas, disueltas o enfrentaron otras sanciones.” [39] Uno realmente debería cuestionar si es justo castigar a una empresa simplemente porque no cumple con una cuota de género. En otras palabras, obligarlas a contratar personas únicamente en función de su sexo y no de sus habilidades y capacidades. A primera vista, podría parecer que se están abriendo oportunidades para muchas mujeres, y no puedo negar que eso puede ser cierto en algunos casos. Sin embargo, ¿cuál es el sentido de crear una ley para resolver un problema y al mismo tiempo crear otros problemas? Creo que es hora de replantear una nueva forma de integrar a las mujeres en el campo laboral sin menoscabar las libertades de nadie, lo que incluye a los empresarios.
¿Has escuchado hablar de las "Mujeres Faldas Doradas" en Noruega? Es un término que utilizan para referirse a las mujeres que han llegado a ocupar altos cargos en las empresas gracias a las políticas de igualdad de género. Aunque suene bien, esta situación ha generado algunos problemas que afectan la igualdad entre hombres y mujeres.
Kathy Kyl Máster señala:
“Desde 2008, los resultados del mandato de cuotas son mixtos. Quizás el resultado más preocupante es la falta de beneficios que han experimentado las mujeres en el extremo inferior de la jerarquía corporativa. Las únicas mujeres que han visto un aumento en sus salarios son aquellas que agitan sus faldas doradas en las juntas directivas. Las mujeres de niveles inferiores no sólo no están ascendiendo en la escala profesional; esas mujeres que están encima de ellos no parecen estar ayudándoles a subirlo.” [40]
Kathy Kyl argumenta que, “Entonces, ¿son las cuotas la respuesta a la equidad salarial desde una perspectiva práctica o teórica? Europa ya ha demostrado que las mujeres que están a cargo no se preocupan por otras mujeres.” [41] Sobre el fracaso de las cuotas de género Roxana Kreimer comenta:
“Se esperaba que la modalidad generara un efecto de contagio como para que ingresaran más mujeres en las posiciones jerárquicas inferiores de estas y otras empresas, incluso en las que no fueron afectadas por la legislación, pero esto no ocurrió. La medida sólo benefició a una minoría que subió a la cima, las denominadas “polleras de oro”, amparadas en el eslogan de la “igualdad”. Aunque los resultados no fueron los esperados, otros países europeos siguen el modelo noruego. Francia, Alemania y los Países Bajos, que imponen cupos de entre 30 y 40 % en los cargos jerárquicos de las empresas, sólo cuentan con 10 % de mujeres en los cargos jerárquicos inmediatamente inferiores, y esto ha sido así durante diez años (Raleigh, 2018).
Tener una minoría en los cargos jerárquicos ha beneficiado poco y nada al 99 % de las mujeres que trabajan en Noruega, que fue proclamado en 2015 por el Foro Económico Mundial como el segundo país más igualitario del mundo. La hipótesis más fuerte para explicar el fracaso del plan en Noruega remite a las elecciones que realizan las mujeres, por un lado, la de no reducir su vida al desempeño laboral y, por el otro, cuando se convierten en madres, la de no trabajar fuera de casa durante un tiempo o la de no realizar trabajos que le exijan una pesada carga horaria o que supongan excesivas responsabilidades.” [42]
Jordan Peterson, un doctor en Psicología Clínica, un intelectual, crítico
cultural y profesor de psicología de Canadá. Él tiene algo interesante que
decir sobre los esfuerzos para lograr una sociedad donde hombres y mujeres
elijan los mismos trabajos en la misma proporción. Él dice:
“Este es un gran problema, especialmente si el objetivo de tales políticas igualitarias era minimizar las diferencias entre hombres y mujeres. En realidad, es un problema fatal, para una visión política particular. Los hechos pueden negarse, pero sólo a costa de descartar las ciencias sociales en su totalidad (dado que todo el campo se basa en los mismos métodos utilizados en los estudios que se están discutiendo actualmente) y también una buena parte de la biología. Sencillamente, esa no es una solución razonable.
La mejor explicación, hasta ahora, para el hecho de las crecientes diferencias es que hay dos razones para las diferencias entre hombres y mujeres: la biología y la cultura. Si se minimizan las diferencias culturales (como se hace con las políticas sociales igualitarias), se permite que las diferencias biológicas se manifiesten plenamente. He visto a los científicos sociales luchar por ofrecer una explicación cultural, pero no he oído ninguna hipótesis que sea en lo más mínimo creíble y no he podido formular ninguna.” [43]
Jordan Peterson a pesar de vivir en un país super progresista y promotor de la “tolerancia y la diversidad”, es sorprendente ver cómo ha enfrentado censura y persecución debido a sus opiniones. En otro momento, profundizaré en la hipocresía de ciertos grupos que pregonan la tolerancia, pero en realidad muestran una gran intolerancia, superando incluso a la Inquisición en su actitud restrictiva.
Jordan Peterson sin tanto pelos en la lengua dijo, “La doctrina, en la que los políticamente correctos insisten cada vez más radical y ruidosamente, de que las diferencias de sexo sólo se construyen socialmente es errónea.” [44] Gijsbert Stoet es profesor de Psicología en la Universidad de Essex, Reino Unido. David C. Geary es un psicólogo evolutivo. Ofrecen datos interesantes sobre la paradoja de Noruega y los demás países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia y Suecia). Ellos dicen que “los países con altos niveles de igualdad de género tienen algunas de las brechas STEM [45] más grandes en la educación secundaria y terciaria; A esto lo llamamos la paradoja de la igualdad de género en la educación.” [46] Esto significa que incluso al elegir una carrera universitaria, observamos diferencias de género basadas en los intereses individuales de los jóvenes.
Ellos dicen que “los niños son relativamente mejores en ciencias y matemáticas, mientras que las niñas son relativamente mejores en lectura que otras áreas académicas.” [47] y añaden “La mayor comprensión de estas posibles diferencias sexuales en naciones con igualdad de género es lo opuesto a lo que algunos académicos podrían esperar intuitivamente, pero es consistente con los hallazgos de algunas otras diferencias cognitivas y sociales de sexo (por ejemplo, Lippa et al., 2010; Pinker, 2008; Schmitt, 2015).” [48] Leticia Parra Gámez y otros expertos comentan que “Los hombres realizan mejor que las mujeres las tareas viso-espaciales, y las mujeres llevan a cabo las tareas verbales mejor que los hombres. Los varones superan a las niñas en la capacidad de razonamiento matemático avanzado.” [49]
David P. Schmitt es un psicólogo de la personalidad que fundó el Proyecto Internacional de Descripción de la Sexualidad (ISDP) sostiene que:
“Según Schwartz y Rubel-Lifschitz (2009), el igualitarismo de género en una cultura tiende a “permitir a ambos sexos perseguir más libremente los valores que inherentemente les importan más”. (pág. 171). Estas conclusiones reflejan los hallazgos de Charles y Bradley (2009), quienes documentaron que en naciones más igualitarias las personas valoran especialmente la autoexpresión, por lo que hombres y mujeres tienen más oportunidades de complacer su yo de género. Los patrones transculturales de diferenciación sexual en los valores medidos, como ocurre con casi todas las medidas de personalidad, desconfirmaban la teoría del rol social. ”[50]
Pablo Muñoz Iturrieta también señala: “Una cosa interesante a señalar con
respecto a la igualdad de género es que en aquellos países en los que más se
ha regulado la igualdad de género, las diferencias de personalidad entre el
hombre y la mujer se han profundizado aún más.” [51] Erik
MacGiolla es profesor asociado del departamento de psicología de la universidad
de Gotemburgo, Suecia. Petri Kajonio,
profesor titular y asociado de psicología y evaluación de la personalidad.
Ambos en una investigación afirman que “Se
ha demostrado que las diferencias sexuales en la personalidad son mayores en
países con mayor igualdad de género (...) Especulamos que a medida que
aumenta la igualdad de género, tanto hombres como mujeres gravitan hacia sus
roles de género tradicionales.” [52] y la licenciada
en filosofía y doctora en ciencias sociales
Roxana Kreimer comenta “a medida que una sociedad se vuelve más
igualitaria, la brecha de género en la elección ocupacional se hace más
amplia, no más estrecha.” [53]
Roxana comparte información interesante que vale la pena conocer:
“Los países con las protecciones legales y culturales más sólidas para la igualdad de género, que al mismo tiempo son los que tienen las redes de seguridad social más fuertes, como es el caso de Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia, tienen la menor cantidad de mujeres graduadas en física, matemáticas, ingeniería y ciencias de la computación (STEM). En estos países, 20 % de mujeres siguen las carreras STEM, en Estados Unidos, 24 %, y en los países con pocas garantías para las mujeres, en los que el índice de bienestar humano es bajo, como Argelia, Túnez, Emiratos Árabes, Turquía y Albania, había mucha mayor representación de mujeres en STEM (alrededor de 41 %).” [54]
Entonces, si consideramos que la cultura influye en las preferencias de hombres
y mujeres al elegir su trabajo basado en su sexo, ¿por qué, incluso cuando
intentamos cambiar la cultura para que sea más igualitaria y animamos a las
mujeres a optar por trabajos tradicionalmente masculinos, no logramos una
igualdad perfecta en la elección de trabajos? Es decir, no vemos que haya un
50% de hombres y un 50% de mujeres en trabajos típicamente masculinos y
femeninos. Aquí es donde nos damos cuenta de que hay algo más en juego, algo
que va más allá de la cultura, y en este capítulo hemos demostrado que ese
"algo más" es la biología. Por lo tanto, cultura y biología deben ir
de la mano. La biología y la naturaleza de hombres y mujeres influyen en sus
preferencias laborales. En consecuencia, una sociedad igualitaria debe permitir
que hombres y mujeres elijan sus empleos libremente, sin intervención política.
Pero, ¿cómo exactamente influye la biología en estas preferencias? La respuesta radica en el cerebro que poseen hombres y mujeres. Esto es algo intuitivo cuando observamos a los animales. Según los expertos Phoebe D. Edwards, Ilapreet Toor, y Melissa M. Holmes:
“Las diferencias sexuales en el cerebro se interpretan tradicionalmente a través de la lente de las diferencias sexuales en el comportamiento. En muchas especies, los machos y las hembras difieren en los niveles de competencia por el acceso a las oportunidades de apareamiento, sus roles particulares en la reproducción y los comportamientos específicos asociados con estos procesos. Por lo tanto, no es descabellado postular que las diferencias sexuales en el cerebro corresponderían a estas diferencias sexuales en el comportamiento.” [55]
En mi próximo capítulo vamos a explorar cómo las diferencias cerebrales tienen un impacto en los comportamientos y preferencias de hombres y mujeres.
[1] Pablo Muñoz Iturrieta. Atrapado en el cuerpo equivocado. La ideología de género frente a la ciencia y la filosofía (Editorial Katejón, Buenos aires, 2019) cap. I. La política de identidad o diferencias y la igualdad de género. 1- La teoría de la identidad o diferencias.
[2] Utopía según la RAE: 1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema ideales que parecen de muy difícil realización.
2. f. Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano.
[3] Puede consultarlos aquí: https://docentesaldia.com/2023/07/21/nuevos-libros-de-texto-sep-2023-2024-nem-quinto-grado/
[4] Alison Jagger. Political Philosophies of Women's Liberation, Feminism and Philosophy, artículo completo en "Philosophy and women" (1979, Wadsworth Publishing Company, Inc., Belmont, California) pp. 263
[5] Jonathan Katz. The invention of heterosexuality (New York: Dutton, 1995) pp. 188
[6] Proyectores comunitarios, cuarto grado (2020, primera edición) pp. 176
[7] Nuestros saberes, segundo grado (2023, primera edición) pp. 161
[8] Ibid., pp. 163
[9] Proyectos comunitarios, cuarto grado (2020, primera edición) pp. 26
[10] Puede ver el documental aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Q5rj4ZKAGEQ&t=97s
[11] Ibid., minuto 3: 37
[12] Ibid., minuto 4:22
[13] Ibid., minuto 6:16
[14] Richard Lippa (2007). Sex differences in sex drive, sociosexuality, and height across 53 nations: testing evolutionary and social structural theories. Archives of sexual behavior.
[15] Lavado de Cerebro - La Paradoja de la Igualdad en Noruega. Minuto 15: 52 Link: https://www.youtube.com/watch?v=Q5rj4ZKAGEQ&t=910s
[16] Ibid., minuto 19:01
[17] Ibid.
[18] Ibid. minuto 22:30
[19] Ibid. minuto 25:08
[20] Ibid. Minuto 28:25
[21] Ibid., Minuto 30:04
[22] Ibid., minuto 37:38
[23] Daniel López Rosetti. Ellas: Cerebro, corazón y psicología de la mujer (Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Planeta, 2016), Lo cognitivo, Ellas y nosotros.
[24] Rubio, Alicia. Cuando nos prohibieron ser mujeres ...y os persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género (Spanish Edition), pp. 75
[25] Roxana Kreimer. El patriarcado no existe más (Buenos Aire, Argentina. 2020) cap. IV
[26] Lippa, R. A. (2010). Gender differences in personality and interests: When, where, and why?.
[27] Gijsbert Stoet and David C. Geary (2022), Sex differences in adolescents’ occupational aspirations: Variations across time and place.
[28] Ibid.
[29] Ibid.
[30] Pablo Muñoz Iturrieta. Atrapado en el cuerpo equivocado. La ideología de género frente a la ciencia y la filosofía (Editorial Katejón, Buenos aires, 2019) cap. I. La política de identidad o diferencias y la igualdad de género. 2- La teoría de la igualdad de género
[31] El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural. Buenos Aires (Argentina), Grupo Unión, 2016, p. 123.
[32] Dr Bob Murray (2022),Are gender-based career aspirations genetic? link de la fuente: https://www.fortinberrymurray.com/todays-research/are-gender-based-career-aspirations-genetic?fbclid=IwAR2MEyCF1eqXofF0T4ecKBEU5DFxq0mdBkLvRT8_4Dt1eALYtdBZIYMSVq0
[33] David C. Geary, citado por la Universidad de Misuri en "Universal sex differences appear in adolescents' career aspirations, study finds", 2022. Link de la fuente: https://phys.org/news/2022-01-universal-sex-differences-adolescents-career.html
[34] Debra Soh. The End of Gender: Debunking the Myths about Sex and Identity in Our Society (2020, Threshold Editions) pp. 58
[35] Esteban Johnson (2022),Gender equality paradox: Does biology explain why men and women choose stereotypical jobs? Link de la fuente: https://acortar.link/IwK39F
[36] Epsocial (2018)Los países con más igualdad de género tienen menos graduadas en carreras científico-técnicas que países sin igualdad. Fuente: https://n9.cl/8up1h
[37] Las cuotas de género son políticas que establecen un porcentaje mínimo o máximo de hombres o mujeres que deben ocupar ciertos puestos en una empresa, supuestamente con el fin de promover la igualdad de género en el lugar de trabajo.
[38] Citado por Hoff Sommers y Christina Marie. Who Stole Feminism? How women have betrayed women. (New York, Simon & Schuster, 1994), pp. 256-257.
[39] Kathy Kyle Bonomini (2018),Why quotas don’t work for gender equality (and how to really shrink the wage gap). Link de fuente: https://www.ampliagroup.com/gobeyond-blog/2018/2/27/why-quotas-dont-work-for-gender-equality-and-how-to-really-shrink-the-wage-gap?fbclid=IwAR3v7Mc-Ro9vCySXmQL1uLjnCyrqn1kLL3vT4uYoxkVTxGey68U2gzxezeQ
[40] Ibid.
[41] Ibid.
[42] Roxana Kreimer. El patriarcado no existe más (Buenos Aire, Argentina. 2020) cap. V
[43] Jordan Peterson. The Gender Scandal: Part One (Scandinavia) and Part Two (Canada). Link de la fuente: https://www.jordanbpeterson.com/political-correctness/the-gender-scandal-part-one-scandinavia-and-part-two-canada/
[44] Ibid.
[45] STEM, siglas en inglés para referirse a los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.
[46] Gijsbert Stoet and David C. Geary. (2018) The gender equality paradox in STEM education. pp. 2
[47] Ibid.
[48] Ibid.
[49] Leticia Parra Gámez, Alfonso Alejandro García Hidalgo, Sandra Ortiz Vázquez, Daniela Pérez Sámano, Jerath Nájera Reyes, Norma Eliane Basurto Acevedo, Val E Espinoza Chávez, R Ixel Rivas Bucio. Las diferencias anatómicas cerebrales que implican diferencias funcionales (2a de dos partes). Descargar articulo https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=21840
[50] David P. Schmitt, Audrey E. Long, Allante McPhearson, Kirby O’Brien, Brooke Remmert, and Seema H. Shah. Personality and gender differences in global perspective. International Journal of Psychology, 2017
Vol. 52, No. S1. pp.47
[51] Pablo Muñoz Iturrieta. Atrapado en el cuerpo equivocado. La ideología de género frente a la ciencia y la filosofía (Editorial Katejón, Buenos aires, 2019) cap. I. La política de identidad o diferencias y la igualdad de género.
[52] Erik MacGiolla and Petri J Kajonius (2018), Sex differences in personality are larger in gender equal countries: Replicating and extending a surprising finding. Link de la fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30206941/
[53] Roxana Kreimer. El patriarcado no existe más (Buenos Aire, Argentina. 2020) cap. IV
[54] Ibid.
[55] Claire Gibson and Liisa A. M. Galea. Sex Differences in Brain Function and Dysfunction (2023, Springer) pp. 48