¿Los estereotipos y roles de género son meras asignaciones de la sociedad?

 

El ejemplo de los gallos y gallinas

Para ayudarte a comprender mejor esta pregunta, déjame ilustrarte con un ejemplo. Seguro que todos hemos visto gallos y gallinas en algún momento. Notamos fácilmente que físicamente son diferentes: los gallos son más altos, más esbeltos, con crestas y plumas largas, mientras que las gallinas son más pequeñas, redondeadas y con crestas y plumas más cortas. Pero imagina por un momento que, por alguna extraña razón, todos los gallos y gallinas adoptan exactamente el mismo aspecto físico, y no puedes diferenciarlos solo viéndolos.

Para hacerlo más visual, piensa en el episodio de la serie “Los Padrinos Mágicos” donde Timmy pide a sus padrinos que todas las personas del mundo se vuelvan iguales, sus padrinos conceden el deseo y todos toman la forma de fantasmas. Ahora, imagina algo similar con nuestro ejemplo, donde todos los gallos y gallinas de repente tienen el mismo aspecto físico y no hay forma de diferenciarlos solo por su apariencia.

Para complicarlo aún más, supongamos que todos los gallos y gallinas tienen la misma voz, lo que dificulta aún más distinguirlos. Entonces, ¿cómo podríamos saber cuáles son gallos y cuales son gallinas en este escenario donde todos parecen iguales y suenan igual? La respuesta es simple, podemos hacerlo observando su comportamiento

Imagina que tienes a una gallina y a un gallo que, en nuestro ejemplo, lucen exactamente igual físicamente. Observas cómo la gallina comienza a mover sus alas y hace ruido, mientras que el gallo se muestra desesperado tratando de protegerla. En ese momento, te das cuenta de que tienes a la gallina en tus manos, y el gallo es quien está tratando de rescatarla.

Ahora, observemos cómo el gallo persigue a la gallina en un intento de aparearse. Se sube sobre ella para llevar a cabo el acto sexual. En este escenario donde ambos tienen la misma apariencia física, puedes identificar cuáles son los gallos y cuáles son las gallinas basándote en este comportamiento.

Otro comportamiento que te revela cuáles son los gallos en un escenario donde todos lucen físicamente iguales a las gallinas es cuando observas a dos gallos que se miran fijamente. Cualquier movimiento mínimo de uno de ellos provoca una respuesta inmediata del otro, como si estuvieran listos para contraatacar ante cualquier amenaza, incluso si el movimiento resulta ser un simple gesto. En ese momento, te das cuenta de que ambos son gallos, a pesar de que tengan la misma apariencia física que las gallinas. Su comportamiento delata su verdadera identidad.

Además, puedes notar que la gallina tiende a ser protectora con sus polluelos, mientras que el gallo no muestra ese instinto. Incluso en un mundo donde gallos y gallinas se ven iguales físicamente, sus comportamientos te ayudan a distinguir entre ellos. Así que, aunque en el mundo real puedan existir diferencias físicas entre gallos y gallinas, también es importante destacar que presentan comportamientos distintivos que los hacen únicos.

Sin embargo, ¿puedes imaginar a alguien diciéndote que los gallos y las gallinas viven en una sociedad donde a un gallo se le enseña a actuar como un gallo y a una gallina se le enseña a actuar como gallina? Imagina a alguien diciendo, "no nacen gallinas, ellas llegan a serlo." Seguro que te echarías a reír ante semejante tontería, ¡es más grande que todo el sistema solar junto!

Claro está que a ningún gallo se le da una lección sobre cómo ser gallo, ni a las gallinas se les envía a clases de gallina, y muchos menos viven en una sociedad donde se les enseña cómo comportarse. Tanto los gallos como las gallinas actúan como lo que son debido a su configuración genética innata. Sin embargo, los nuevos libros de texto de la SEP quieren vendernos la idea de que los seres humanos, siendo mucho más complejos, adquirimos nuestros comportamientos como hombres y mujeres simplemente porque la sociedad nos dice cómo actuar, como si nuestra naturaleza no tuviera nada que ver con ello.

Acerca de los estereotipos de género, el libro de nuestros saberes de quinto grado dice lo siguiente:

“Son ideas, cualidades y expectativas que se asignan a las personas por el hecho de ser hombres o mujeres. Por ejemplo, cuando se espera que las niñas vistan de rosa y los niños de azul, o que a las niñas les guste bailar ballet y a los niños les guste el futbol. Los estereotipos de género son creados por las sociedades, no vienen dados en la naturaleza, por lo que es importante reconocer que las niñas y los niños no tienen la obligación de seguirlos y la sociedad tiene el deber de respetar sus gustos, formas de vestir y de expresarse.” [1]


¿Será cierto que los estereotipos de género no son parte de nuestra naturaleza y que la sociedad los asigna a hombres y mujeres solo por su sexo? La respuesta es no, aunque no podemos ignorar que la cultura tiene su influencia. Para aclararlo mejor, te invito a explorar algunos ejemplos que te ayudarán a comprender cómo los estereotipos están conectados en nuestra naturaleza y la cultura los moldea para enriquecerlos y visibilizarlo.

 

Comportamiento de las ratas en laberintos.

Cuando observamos cómo las ratas se desenvuelven en un laberinto en busca de su comida, es fascinante notar que las ratas macho y las hembras tienen enfoques diferentes en esta tarea. Tres expertos en neurociencia, Mark A. Gluck, Eduardo Mercado y Catherine E. Myers, arrojan luz sobre este intrigante fenómeno observado en las ratas:

“en un laberinto de brazos radiales las ratas adultas macho por lo general recuerdan mejor que las hembras los brazos del laberinto que nunca contienen comida, mientras que las ratas adultas hembra suelen recordar mejor que los machos qué brazos ya visitaron en el día actual (Hyde, Sherman y Denenberg, 2000; Bimonte, Hyde, Hoplight y Denenberg, 2000). Dado que es poco probable que las ratas machos y hembras estén sometidas a estereotipos culturales, las hormonas sexuales son una causa más probable de esas diferencias de género en las ratas (y tal vez también contribuyen a las diferencias de género en los seres humanos)” [2]


Las hormonas sexuales son las responsables de que las ratas macho y las ratas hembras muestren comportamientos diferentes al buscar comida en un laberinto. De manera similar, en los seres humanos, estas diferencias hormonales también influyen en cómo utilizamos nuestro cerebro para aprender, lo que se traduce en niveles de aprendizaje distintos entre hombres y mujeres. Como señalan los expertos mencionados anteriormente:

“una posible causa son las influencias culturales, como los estereotipos sexuales en que se espera que los niños destaquen en ciertos tipos de aprendizaje y que las niñas lo hagan en otros. Pero ésta no puede ser toda la historia. también se observan diferencias de género entre los mamíferos no humanos que no es fácil atribuir a los estereotipos sexuales.” [3]


A pesar de la influencia cultural, la clave está en que los cerebros de hombres y mujeres son distintos desde antes de nacer, diseñados para abordar las mismas tareas, pero de manera diferente. Lo mismo sucede en el mundo de las ratas, donde es absurdo pensar que las ratas hembras son entrenadas para memorizar el camino de los laberintos donde han estado mientras los machos se ocupan de los que tienen menos comida. ¿Te imaginas a alguien diciendo que “no nacen ratas hembras, sino que llegan a serlo”? Sería una afirmación completamente absurda.

 

Los monos verdes y los juguetes.

Todos hemos notado que los niños y las niñas tienden a tener diferentes preferencias cuando se trata de juguetes. A los niños les suelen gustar los carritos, las armas de juguete y los muñecos de acción, mientras que las niñas a menudo prefieren las muñecas Barbie, platos de juguete para jugar a la comida o muñecas de trapo para hacer de mamás. Algunas feministas argumentan que estas preferencias se deben a que los padres les enseñan a los niños qué juguetes deben usar, sugiriendo que los gustos por los juguetes son simplemente otro estereotipo impuesto por la sociedad. Aunque ocasionalmente un niño podría disfrutar de jugar con muñecas o una niña con carritos, generalmente los niños tienden a elegir juguetes "de niños" y las niñas, juguetes "de niñas".

En un próximo capítulo, exploraremos más a fondo la elección de juguetes por parte de los niños. Sin embargo, en este apartado, quiero presentarles un experimento que plantea preguntas sobre la afirmación de que los estereotipos no tienen raíces naturales, que lo pondrá a pensar que algo no cuadra con lo que nos dice los nuevos libros de texto.

En el año 2002, las investigadoras Gerianne M. Alexander y Melissa Hines realizaron un experimento interesante. Eligieron una especie de mono llamado “cercopithecus aethiops sabaeus” pero comúnmente se le llama “mono verde”. Este mono es uno de los primates más parecidos a los seres humanos, ya sea que usted crea en la teoría de la evolución o en el creacionismo. Lo importante aquí es el experimento y sus resultados. Seleccionaron monos machos y hembras y les dieron la libertad de elegir qué juguetes querían usar. Los resultados fueron sorprendentes, y me gustaría citar a Gerianne M. Alexander y Melissa Hines para explicarlos:

 “(…) encontramos que los monos verdes (Cercopitecos aethiops sabaeus) muestran diferencias de sexo en las preferencias de juguetes similares a las documentadas previamente en niños. El porcentaje de tiempo de contacto con los juguetes típicamente preferidos por los niños (un coche y una pelota) fue mayor en los verdes machos (n =33) que en las hembras (n =30) (P <0,05), mientras que el porcentaje de tiempo de contacto con los juguetes típicamente preferidos por las niñas (una muñeca y una olla) fue mayor en las hembras que en los machos (P <0,01). Por el contrario, el tiempo de contacto con los juguetes preferidos por igual por niños y niñas (un libro ilustrado y un perro de peluche) fue comparable en machos y hembras.” [4]

 Este experimento no pretende sugerir que todas las especies de primates puedan distinguir entre juguetes según el género. Sin embargo, resulta interesante que esta especie en particular, que es considerada cercana a nosotros en la evolución, muestre la notable capacidad de elegir juguetes que se asemejan a sus preferencias. No podemos afirmar que estos monos fueron sometidos a un adoctrinamiento que les enseñó a los machos a jugar con juguetes de niño y a las hembras con juguetes de niña. Dado que los monos son criaturas inferiores a los seres humanos, es natural preguntarnos si los humanos, siendo seres más complejos, compartimos estas características.

Aunque reconocemos que la cultura influye en las preferencias de los niños respecto a los juguetes, no podemos ignorar que el sexo biológico desempeña un papel significativo, y la cultura se ajusta a él. No obstante, abordaremos este tema con mayor profundidad en un capítulo posterior.

Al observar cómo los gallos y las gallinas, las ratas macho y hembra, y los monos verdes posee diferentes comportamientos según su sexo, nos surge la pregunta de si los estereotipos de género realmente no tienen relación con la naturaleza, como nos indican los nuevos libros de texto, y que tal idea es solo una ideología.

Para responder a esta interrogante, es fundamental conocer la triste historia de David Reimer, el niño que intentaron convertir en niña. La historia de esta víctima de la ideología de género nos proporcionará una respuesta contundente, y lo único que nos quedará por indagar es qué origina los estereotipos masculinos y femeninos, y de qué manera la cultura se adapta a ellos, los moldea y los enriquece.

 

La terrible historia de David Reimer.

La historia de David Reimer es profundamente dolora y contiene una lección crucial para todos nosotros, una lección que lamentablemente está siendo pasada por alto en los nuevos libros de texto que intentan inculcar una ideología que arruinó la vida de David Reimer.

Sobre los roles de género, el libro de nuestros saberes de quinto grado dice lo siguiente:

Son las conductas que se espera que cumplan las mujeres y los hombres. Al igual que los estereotipos, los roles de género son construidos socialmente, no vienen dados por la naturaleza y ninguna persona tiene la obligación de seguirlos.” [5]


Es cierto que tanto hombres como mujeres pueden desempeñar las mismas tareas en el hogar y compartir la responsabilidad de sostener económicamente a la familia. No obstante, no podemos ignorar que las mujeres a menudo se sienten más inclinadas a asumir el papel de amas de casa, mientras que los hombres tienden a sentirse más atraídos por el papel de proveedores. Esto no significa que estemos obligados a seguir estos roles, pero parece haber una especie de instinto que nos impulsa en esas direcciones, incluso de manera voluntaria.

Aquí es donde nos encontramos nuevamente con una interrogante sobre lo que afirman los nuevos libros de texto. La biología de hombres y mujeres podría ser la explicación de por qué, incluso de manera voluntaria, las mujeres tienden a sentirse más inclinadas hacia las responsabilidades del hogar, mientras que los hombres a menudo se sienten más inclinados a trabajar fuera de casa y proveer para la familia.

Si los roles y estereotipos fueran simplemente construcciones sociales sin ninguna conexión con la naturaleza humana, entonces casos como el de David Reimer no habrían resultado tan trágicos. David fue sometido a un horrendo experimento que buscaba demostrar lo que los nuevos libros de texto intentan enseñar. Antes de contar su historia, quiero compartir sus propias palabras para invitar a la reflexión a todos los padres mexicanos que defienden estos nuevos libros de texto.


“Soy la prueba viviente [del fracaso de la ideología de género], y si no vas a tomar mi palabra como evangelio, porque yo he vivido esto, ¿a quién más vas a escuchar? ¿Quién más pasó por esto? Yo lo he vivido. ¿Tiene alguien que dispararse en la cabeza y morir para que la gente lo escuche?” [6]
~David Reimer

 David Reimer nació en 1965 en Winnipeg, Canadá. Al principio, se llamaba Bruce, y tenía un hermano gemelo llamado Brian. Cuando eran bebés, ambos tenían problemas para orinar debido a la fimosis, una afección en la que el prepucio es estrecho, lo que llevó a que sus padres consideraran la circuncisión.

El primer gemelo en someterse a la cirugía fue Bruce. Desafortunadamente, la operación fue un desastre. El médico utilizó una aguja de electrocauterio en lugar de una cuchilla y causó graves daños en el pene del bebé. Los padres, preocupados por la terrible situación, decidieron no someter a Brian a la circuncisión, y su fimosis se curó naturalmente con el tiempo.

Para buscar ayuda y orientación sobre cómo lidiar con la situación de Bruce, sus padres lo llevaron a Baltimore, donde consultaron al conocido psicólogo John Money. Money sostenía la teoría de que los comportamientos y los estereotipos de género eran aprendidos socialmente y no estaban relacionados con la biología o el sexo de los niños, exactamente la misma idea que se enseña en los nuevos libros de texto. Money vio en los gemelos la oportunidad de demostrar su teoría y aconsejó a los padres llevar a cabo un cambio de sexo para Bruce, criándolo como una niña.

Siguiendo el consejo de Money, cambiaron el nombre de Bruce a Brenda y comenzaron a criar al niño como si fuera una niña. Además, se llevaron a cabo procedimientos quirúrgicos castrando su pene y haciéndole una prótesis de vagina en su lugar.

El doctor Money insistió en que Bruce se criara como una niña y que nunca se le contara la verdad sobre lo que había ocurrido. Además de la cirugía, Bruce recibió tratamientos con hormonas femeninas. El médico decidió seguir de cerca el caso, que se conoció como el caso John/Joan, para observar cómo se desarrollaba Brenda. No fue sino hasta 1975 que Money publicó su estudio, alegando que la transición había sido un éxito, cuando en realidad, Brenda, entre comillas, estaba viviendo un verdadero infierno.

La situación de "Brenda," se volvía cada vez más problemática. Ni actuaba ni se parecía a una niña, lo que le causaba burlas en la escuela y le pusieron el despectivo apodo de "la niña cavernícola." Brenda" no aceptaba su rol como niña, le gustaba los juguetes de niño, quería jugar deportes de niño, vestir como niño y hacerlo todo como un niño. A pesar de estas señales evidentes, el doctor Money ignoraba el problema existencia de “Brenda” y continuaba afirmando que su experimento era un éxito.

El ruin experimento de Jhon Money en intentar convertir un niño en una niña llevó también a ciertas prácticas inmorales, entre ellas hacer que “Brenda” mirara imágenes de hombres desnudos, incluso llamaron a un transexual para que platicara con él de que todo el procedimiento saldría bien. "Brenda" en más de una ocasión fue obligada a tocar a su hermano Brian estando ambos niños desnudos mientras que el degenerado doctor Money los observaba.

Por respeto a la experiencia de “Brenda” y en reconocimiento de su verdad, de ahora en adelante lo llamaremos David, el nombre que él mismo eligió después de enterarse de toda la verdad. Las visitas al doctor Money dejaron a David traumatizado, mientras que su hermano Brian desarrolló esquizofrenia. David estaba tan afectado que apenas con 13 años, llegó a amenazar con quitarse la vida si lo forzaban a ver al doctor Money de nuevo.

La situación estaba fuera de control, y los padres finalmente se dieron cuenta de que las recomendaciones del doctor Money eran un completo desastre y habían causado un inmenso sufrimiento traumático y existencial a su hijo.

Los padres de David finalmente decidieron revelar toda la verdad a su hijo. Cuando tenía 14 años, David aceptó su verdadera identidad masculina y adoptó el nombre de David. El doctor Money archivó el caso y dejó de alardear sobre su supuesto éxito. David se sometió a una cirugía para reconstruir su pene y recibió inyecciones de testosterona (hormonas masculinas) para compensar la falta de producción de testosterona en su cuerpo, causada por el tratamiento de estrógenos (hormonas femeninas) al que lo sometieron.

David comenzó una vida normal; trabajó en un matadero y se casó con Jane Fontane, con quien adoptó tres hijos. En 1997, su historia atrajo la atención internacional cuando la compartió con el sexólogo Milton Diamond, quien cuestionaba la tesis del doctor Money y afirmaba que el comportamiento de hombres y mujeres estaba conectado en su biología, no en la educación o la cultura.

David decidió contar su historia para evitar que otros pasaran por lo que él había sufrido. Su relato se hizo famoso y se publicó en la revista "Rolling Stone." El escritor John Colapinto incluso escribió un libro sobre él, y David apareció en el programa de Oprah junto a su madre.

A pesar de todo, David no guardaba rencor a su madre, ya que entendía que ella había actuado por amor y en busca de lo mejor para él. Sin embargo, su madre luchaba por superar la culpa que sentía por haber sometido a su hijo a un sufrimiento tan inmenso. La madre de David dijo que “Tenía fe absoluta en el doctor. Hice lo que creía que sería mejor, pero cuando él se rebeló contra ello comenzaron las dudas". [7] David admite que jamás se sintió como una mujer, él afirma que "No estaba interesado en las Barbies, me gustaba escalar a los árboles y esas cosas. Intenté maquillarme y salió fatal, un chico me dio un beso en la mejilla en una ocasión y no me gustó. Me sentía muy solo" [8].

Me gustaría poder decir que esta historia terminó de manera feliz, pero lamentablemente la realidad a veces es muy distinta a los cuentos de hadas donde todos viven felices para siempre. Brian, el hermano de David, no estaba bien y falleció por una sobredosis de antidepresivos en 2002. Esta tragedia sumió a David en una profunda depresión. Sin trabajo y enfrentando problemas económicos, su relación con su esposa Jane se deterioró al punto de que ella le pidió la separación.

El 4 de mayo de 2004, David aprovechó un momento en que Jane no estaba en casa, tomó una escopeta, se dirigió a una tienda de comestibles, estacionó su auto y se disparó en la cabeza. Tenía apenas 38 años. Es una historia desgarradora que no culmina con un final feliz, pero ciertamente lleva consigo un mensaje poderoso para todos los padres mexicanos.

La trágica historia de David Reimer nos deja una lección importante para los padres: no deben confiar ciegamente en aquellos que prometen lo mejor para sus hijos. Los padres mexicanos tienen la responsabilidad de investigar a fondo antes de confiar en alguien con la crianza de sus hijos, para evitar que se conviertan en víctimas de una tragedia como la que vivió David.

Otro importante aprendizaje de esta historia es que los comportamientos y los estereotipos de género están muy relacionados en la naturaleza humana, no son meras asignaciones de la sociedad. Los nuevos libros de texto están repitiendo las mismas patrañas que John Money, y pretenden que los padres mexicanos cometan los mismos errores que llevaron a la tragedia de David Reimer.

A estas alturas, debería estar convencido de que los comportamientos, roles y estereotipos de género están profundamente conectados con nuestra naturaleza. Lo que sigue en este libro es un análisis detallado de estos comportamientos masculinos y femeninos, explorando su relación con la naturaleza humana. Claro está que también reconocemos la influencia de la cultura, pero no de la manera extrema y exagerada como lo afirman los nuevos libros de texto.

 

La imagen de arriba es la página 204 de "Nuestros saberes” de quinto grado. Después de conocer la historia de David, es natural que sienta una profunda indignación al ver cómo este libro niega de manera tan descarada que los comportamientos y estereotipos de género tengan raíces naturales, repitiendo la desastrosa teoría de John Money. Si la historia de David no logró conmoverlo, tal vez sería buena idea adquirir un nuevo corazón pero que incluya sentimientos.



[1] Nuestros saberes, quinto grado (primera edición, 2023), pág.168)

[2] Gluck, Mark A.; Mercado, Eduardo; Myers, Catherine E. Aprendizaje y memoria. Del cerebro al comportamiento. México, McGraw Hill/Interamericana Editores S. A., 2009, pp. 484.

[3] Ibid.

[4] Hines, Melissa; Alexander, Gerianne M. Sex differences in response to children's toys in nonhuman primates (Cercopithecus aethiops sabaeus). Evolution and Human Behavior, Volume 23, Issue 6, 467-479.

[5] Nuestros saberes, quinto grado [primera edición, 2023], pág.168

[6] Citado por Agustín Laje en “El Libro Negro de la Nueva Izquierda: Ideología de género o subversión cultural”, cap. 2, VI

[7] Ada Nuño "La trágica historia de David Reimer, el niño que fue obligado a vivir como una niña". Publicado en "El confidencial", fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2021-12-05/historia-david-reimer-criado-nina-nino-psiquiatria_3334848/      

[8] Ibid.

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